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segunda-feira, 17 de outubro de 2022

El obispo ortodoxo que se hizo católico, con su diócesis, en la zona más sovietizada de Ucrania

Varias parroquias ortodoxas de Ucrania oriental se hacen católicas: buscaban unidad

Ihor Isichenko, de obispo ortodoxo a obispo grecocatólico
Ihor Isichenko, de obispo ortodoxo a obispo grecocatólico, condujo varias parroquias a la unidad con Roma en Ucrania oriental


Pablo J. Ginés


El cristianismo tiene siempre un reto: ser universal en su enseñanza evangelizadora, pero mantenerse bien arraigado en distintas regiones, naciones y culturas. Este reto tiene riesgos especiales en el mundo ortodoxo. Allí, desde tiempos del Imperio Bizantino, las Iglesias ortodoxas son muy vulnerables a convertirse en herramientas del estado y el nacionalismo y convertirse en iglesias nacionales.

Esta conciencia fue la que llevó al obispo ortodoxo ucraniano Ihor Isichenko y a las parroquias de su diócesis a hacerse católicas, en un proceso que empezó en 2014 -cuando Rusia se anexionó Crimea- y se ha consolidado este año.

Sucedió en 2020, y la prensa ortodoxa se hizo eco, pero pasó casi desapercibido en el caos general entre las 3 iglesias ortodoxas en liza en Ucrania y el conflicto al respecto entre Moscú y Constantinopla.

Tras la llegada de la libertad religiosa a Ucrania a partir de 1989, se evidenció que además de los grecocatólicos que salían de la clandestinidad, había 3 grandes grupos de obediencias ortodoxas en el país. Por simplificar, diremos que una dependía de Kiev, otra de Moscú y una tercera, la UAOC, tenía bastante presencia en el extranjero, además de en el territorio ucraniano, y buscaba a veces el reconocimiento de Constantinopla.

Porcentaje de ucranianos que se declaran ortodoxos según distintas denominaciones

Porcentaje de ucranianos que se declaran ortodoxos según distintas denominaciones.

Una diócesis ortodoxa se disuelve porque casi toda se hace católica

Después de muchos avatares y debates, en 2020, casi todas las parroquias de la diócesis más oriental de la UAOC, la de Járkov-Poltava, con su obispo Ihor al frente, se integraron en la Iglesia Católica de rito griego ucraniano, la mayor de las Iglesia Católicas de rito oriental.

El obispo Ihor dirigió estas parroquias desde 1993 hasta 2020, "en condiciones de constante presión política y administrativa, falta de apoyo financiero, incomprensión e incluso hostilidad del ambiente público, formación espiritual personal y la inercia mental del Este de Ucrania, descristianizado y sovietizado", escribió en 2020.

Efectivamente, el Este de Ucrania, rico en minerales e industria, fue repoblado en época soviética por multitud de obreros llegados de Rusia, poco o nada religiosos, en ciudades soviéticas sin iglesias ni fe. Es la zona de Donbass, Donets y Lugansk, mucho menos creyente que el resto del país. "Sovietizado" es un buen adjetivo.

Así, las parroquias de la UAOC que se hicieron católicas, eran pequeñas y distanciadas unas de otras. Las de Járkov, Poltava y Lozova pasaron a la jurisdicción del exarca (obispo) grecocatólico de Járkov. Las de Kiev y Kaniv, a la del arzobispado grecocatólico de Kiev.

Una parroquia estándar de la antigua UAOC tenía unos 100 miembros o menos. La parroquia de San Dimitri en Járkov (que es la segunda mayor ciudad de Ucrania) tenía sólo 70 miembros, de los que 68 votaron a favor de unirse a la Iglesia Católica. San Dimitri era la catedral y la escuela de catequistas y formación de la diócesis. Es una comunidad viva y dinámica, pero no numerosa. La diócesis de la UAOC tenía un centro académico y teológico, el Collegium del Patriarca Mstislav, que ahora es parte de la Universidad Católica de Ucrania. A todos los efectos, también legales, por votación de sus comunidades, esa diócesis de la UAOC dejó de existir.

Los parroquianos ortodoxos de San Dimitri en Járkov votando  hacerse católicos, con parroquia y todo

Los parroquianos ortodoxos de San Dimitri en Járkov votando hacerse católicos, con parroquia y todo.

La jerarquía grecocatólica permite a estas parroquias recién recibidas mantener algunos detalles peculiares, propios, en su liturgia bizantina y en su calendario litúrgico. En lo demás, son indistinguibles de una parroquia grecocatólica y sus párrocos y clérigos acuden a los mismos retiros y formaciones que los demás clérigos grecocatólicos.

Aunque estas parroquias han fortalecido la iglesia grecocatólica en la zona más descristianizada del país, aporta más su ejemplo y argumentación a favor de la unidad entre cristianos que sus números.

Repasando la historia más reciente, no la antigua

El obispo Ihor es un erudito experto en las relaciones entre Iglesia católica y ortodoxa del s.XVI y XVII (cuando nace la iglesia grecocatólica, bizantina en rito pero fiel al Papa de Roma) y ha reflexionado mucho sobre la historia. Pero lo que le llevó a impulsar este paso, hacerse católico con sus parroquias, no fue la historia antigua, sino la moderna, la del s.XXI.

Por ejemplo, vio que a partir del año 2000, las parroquias de la UAOC y su jerarquía se "desacreditaban" convirtiendo a esta iglesia en "un pelele de juegos políticos", escribió.

Cuando estos parroquianos en 2020 pidieron su unión con los grecocatólicos, escribieron un documento que argumenta así: "La invasión de Crimea por las tropas rusas y la peligrosa ocupación que amenaza al territorio canónico de la Eparquía de Járkov y Poltava [de la UAOC] nos hace sentir la falta de relaciones jurisdiccionales con la Iglesia Ucraniana Ortodoxa en la diáspora. No necesitamos palabras de ánimo, sino presencia fraterna real, comunión en una iglesia, capaz de resistir unidos la nueva amenaza bárbara a la Ortodoxia ucraniana". Y eso es lo que creen que les aporta el catolicismo: unidad, fraternidad, dimensión internacional, independencia frente a los políticos.

¿Cuál es esa "amenaza bárbara" a la que se referían en 2020, ya entonces con buena parte del territorio del Dombass bajo control de separatistas prorrusos? Sobre todo, ser gestionados desde Moscú por una iglesia nacionalista rusa muy dócil al poder político, una herramienta del poder mundano. Pero también lamentaban ese peligro desde Ucrania y el nacionalismo ucraniano. Roma protegería de ambas presiones.

Otra opción era hacer como tantos otros ortodoxos: ¿no podían acudir a Constantinopla como garante de independencia de la iglesia frente a los poderes políticos? Pero en una entrevista en 2016 el obispo Ihor ya afirmaba: "El proceso dramático actual de preparar un Concilio Panortodoxo es prueba de que el Patriarcado Ecuménico [de Constantinopla] tiene capacidades limitadas como entidad independiente".

Efectivamente, hace mil años que se produjo la ruptura entre Roma y Constantinopla, y los ortodoxos nunca han sido capaces de convocar un concilio de sus distintas iglesias autocéfalas. El intento de 2016 fue saboteado por el Patriarcado de Moscú y tres o cuatro de las iglesias ortodoxas aliadas o dependientes de Moscú. Si Putin, o incluso dos o tres políticos serbios, sirios o georgianos, se empeñan en que no hay concilio, entonces no hay concilio. Eso es dependencia del poder político.

Así, el obispo Ihor empezó a dar pasos de contacto con los grecocatólicos en 2014. En 2015 su asamblea diocesana pidió a la Iglesia grecocatólica "consejos fraterno sobre cómo alcanzar comunión eucarística y unidad administrativa" con ellos. Los pasos concretos de unidad empezaron en 2018, el mismo año que muchas parroquias de la UAOC de otras diócesis se unían a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania con autocefalia reconocida por Constantinopla.

Los grecocatólicos preservan mejor la tradición

El argumento de Ihor es que los grecocatólicos son los que mejor preservan la tradición y unidad de la Iglesia de la Rus' de Kiev, la iglesia que fundaron e impulsaron la reina Santa Olga y su nieto el rey San Vladimir.

El proceso de paso de estas parroquias ortodoxas hacia el catolicismo bizantino duró unos años, se votó en cada parroquia, se explicó con detalle, se debatió, se expuso a los parroquianos la doctrina católica... y casi todas las parroquias lo aceptaron bien.

Hubo más objeciones por parte de ciertos clérigos, "con algunos aún bajo el hechizo de viejos estereotipos sobre el enemigo católico, y otros simplemente molestos por la disciplina canónica que vendría, que la UAOC en los años recientes no ha aplicado".

Esta primavera de guerra de 2022 se ha clarificado el status de Ihor Isichenko: es ahora oficialmente un obispo emérito católico y, como estudioso y erudito, es responsable y director de la academia que la Universidad Católica Ucraniana ha abierto en Járkov a partir del antiguo Collegium de la UAOC. De hecho, combinó durante 27 años el ser obispo de una diócesis territorialmente enorme con ser profesor y académico en activo, escribiendo sobre la Ucrania medieval y barroca. Él quiere que Ucrania recupere su espiritualidad anterior a "su subordinación a Moscú en el siglo XVII".

El obispo Ihor Isichenko, a la izquierda, con el arzobispo mayor grecocatólico, Shevchuk, que alza un icono, en 2020

El obispo Ihor Isichenko, a la izquierda, con el arzobispo mayor grecocatólico, Shevchuk, que alza un icono, en 2020.

Isichenko señala algunos síntomas de que la UAOC, nacida en los años 90, no tenía suficiente vitalidad ni independencia. Son criterios de discernimiento. "Nunca fue capaz de crear ni un solo monasterio ni una sola academia seria. Hubo varios cismas y constantes esfuerzos de funcionarios del estado y algunas fuerzas eclesiales por crear una Iglesia de Estado", explica en el digital norteamericano católico The Pillar.

"Me convencí de que la idea de la ortodoxia como una alternativa al catolicismo lleva a la creación de 'russkiy mirs', 'mundos rusos' en miniatura, sean en Serbia, en Rusia... o desafortunadamente en Ucrania también. Este particularismo suspende la universalidad de la Iglesia, su catolicidad".

Cree que el poder político en Moscú está retorciendo y dañando a la ortodoxia rusa y es símbolo para todo el mundo ortodoxo. "Lo que se hace a la Ortodoxia en Moscú es el gran drama de todo el mundo. La ideología del 'ruskyi mir' muestra a todas las iglesias ortodoxas el peligro de retorcer las prioridades, la pérdida de valores cristianos bajo las prioridades nacionales, estatales, políticas o de partido", denuncia.

Los sacerdotes que ahora son católicos

The Pillar ha hablado en agosto, tras medio año de guerra, con sacerdotes de la extinta diócesis ortodoxa que ahora son católicos. El padre Ihor Lytvyn, que pastoreaba la parroquia de la UAOC en Poltava, señala que ya había muchos lazos entre los parroquianos ortodoxos y los vecinos grecocatólicos, especialmente en el Collegium donde había profesores católicos formando a catequistas ortodoxos.

Lytvyn hace un comentario medio en serio, medio en broma: "Personalmente siempre me he convencido de que si no eres ortodoxo eres un herético, y si no eres católico, eres cismático. Así que para mí no hubo nunca oposición entre ser ortodoxo y católico".

Obispo Ihor Isichenko con el arzobispo mayor Shevchuk

El obispo Ihor Isichenko -a la izquierda- con el arzobispo mayor Shevchuk, en la inauguración de un nuevo templo en 2018.

Oleh Bondaruk fue ordenado sacerdote en 2016 como ortodoxo. Su parroquia pasó de la UAOC a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania pero él decidió hacerse católico. "Aunque fui bautizado católico en la Iglesia Ortodoxa, crecí en un ambiente católico latino en la región de Jmenitsky, y tengo muchos polacos en mi familia. Desde 8º curso fui a una iglesia latina, incluso fui a un seminario latino un año. Pero cuando me mudé a Boyarka, cerca de Kiev, me alejé de la Iglesia. Un día me pidieron que llevara en coche al arzobispo Ihor a Kaniv y nuestra conversación me impresionó. Así, me hice sacerdote ortodoxo".

Ksenia Pidopryhora, una feligresa de San Dimitri que ahora es católica, explica que ya antes tenían en la parroquia muy buena imagen de personalidades grecocatólicas, como el difunto cardenal Lubomyt Husar o el intelectual obispo Borys Gudziak. También, explica, se veía a la Iglesia Grecocatólica como un ejemplo de unidad, mientras que las iglesias ortodoxas ucranianas estaban divididas, incluso a nivel parroquial. También detalla que el proceso a la unidad con Roma se hizo con amplia posibilidad de hacer preguntas, ver, hablar y comentarlo todo.

El padre Viacheslav Trush de Lozoya, en la región de Járkov, explica que para tomar una decisión estudió la doctrina e historia católica, la mundial y la de Ucrania. "En la parroquia discutimos muchas cosas, estudiamos la Historia de la Iglesia. Todo eso ha dado fruto. Tenemos una atmósfera de comunidad, como de casa, en que el sacerdote y los fieles lo debaten todo entre ellos y no hay secretos", detalla. Recordemos que hablamos de comunidades que no suelen superar los 100 feligreses implicados.

El padre Trush añade: "Ahora sentimos que pertenecemos a una comunidad global, la Iglesia Grecocatólica y la Iglesia Católica de todo el mundo, eso nos da sensación de apoyo. Para mí, como sacerdote, eso es importante".

Para ayudar a las víctimas de la guerra en Ucrania, que afecta especialmente a Ucrania Oriental, donde están estas parroquias convertidas al catolicismo, Cáritas Española ha abierto esta web y la cuenta Caixabank ES31 2100 5731 7502 0026 6218 



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