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domingo, 12 de fevereiro de 2023

Un misionero en Alepo, ciudad devastada por el terremoto: «La gente da gracias a Dios de estar viva»

El terremoto en Siria y Turquía ha generado una crisis humanitaria de magnitudes colosales.
El terremoto en Siria y Turquía ha generado una crisis humanitaria de magnitudes colosales.


ReL


Turquía y Siria viven un auténtico drama humanitario ante este terremoto que ha dejado miles de muertos y millones de damnificados. El padre Enrique González, religioso argentino del Instituto del Verbo Encarnado, vive en Alepo, Siria, ciudad gravemente afectada, y en su parroquia atiende a decenas de víctimas del terremoto que tienen miedo de regresar a sus casas y le han pedido ayuda, alojamiento y consuelo.  En una entrevista en el programa Perseguidos pero no olvidados de Radio María España relata la situación al equipo de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN): 

 -¿Cómo es la situación tras el terremoto?

-La situación sigue siendo caótica porque día a día aumentan las personas necesitadas que buscan ayuda, que están desesperadas por una crisis continua, por casi 12 años de guerra, el embargo económico, el Covid, una reciente epidemia de cólera y ahora el terremoto. Pero tanto la Iglesia católica, como la Iglesia ortodoxa, estamos tratando de hacer todo lo que podemos por los más afectados.

-¿Qué labor estáis haciendo en estos días?

-Mucha gente se ha ido a sus pueblos ante el miedo de réplicas del terremoto y el peligro que más edificios se desplomen. Otros han salido a las calles, a lugares abiertos. Otros han buscado refugio en las parroquias, en salones parroquiales. Nosotros hemos acogido 80 personas en el obispado latino, que es donde vivimos. Les damos comida, mantas, medicinas, lo que necesiten, y estamos atendiendo también sus necesidades espirituales, hemos celebrado juntos la Misa. Ahora hay mucha incertidumbre, porque no sabe qué va a pasar con sus casas, así que tenemos que ir viendo día a día, tomando decisiones en función de las nuevas necesidades que van viniendo.

Enrique González es sacerdote argentino en Alepo

-¿Cómo describirías el momento cuando comenzó el terremoto?

-Yo estaba solo en mi apartamento del obispado. Me desperté por el ruido que hacían las puertas de mi armario. Así que cogí algo de ropa y me puse debajo de una columna, busqué un parte sólida de la casa. A la vez me fui vistiendo porque presentí que iba a ser un momento de mucho trabajo, de salir a buscar a posibles víctimas. Entonces, escuché que la estructura de edificio crujía, pensé que era el fin y me encomendé a la Inmaculada Concepción.

-¿Cuáles serían las necesidades más importantes en estos momentos?

 -Aquí se necesita material de higiene, alimentos, leche en polvo para los niños, medicamentos, mantas, etc. Luego es fundamental la calefacción, el combustible, que es muy difícil de conseguir. Y por supuesto tenemos que buscar cómo reparar las casas de estas personas, para que pueden volver a sus hogares pronto.

-¿Qué palabra puedes decir a estas personas que estáis apoyando?

-Hay algo extraño y edificante a la vez. La expresión de la gente en general, lo primero que les sale a ellos comentar es: "Gracias a Dios que seguimos vivos". Agradecen lo poco que les queda. A pesar de la catástrofe, no vemos un ambiente depresivo. Hay un ambiente de agradecimiento, de preocupación, pero de agradecimiento de seguir con vida. Esto es algo sorprendente, es algo sobrenatural.

 -¿Qué mensaje quiere transmitir a los benefactores de ACN?

-Que por favor recen por las víctimas de este terremoto en Turquía y Siria. Que ayuden en lo que puedan. Y que también ellos den gracias a Dios por lo que tienen, que nos quejemos menos, y que veamos lo afortunados que somos que podemos compartir con los demás.



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