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segunda-feira, 25 de março de 2019

Tiene 97 años, sigue ejerciendo como médico, es católico ferviente y sobrevivió a su aborto

El doctor Christian Chenay atiende enfermos sin cita previa


El doctor Chenay no tendrá sustituto si se jubila y no ha querido abandonar a sus pacientes. Foto: Arnaud Journois / Le Parisien.




Los lunes y los miércoles, desde las siete y media de la mañana hasta las tres de la tarde, el doctor Christian Chenay recibe sin cita previa. Tiene 97 años y es el médico en activo más anciano de Francia. Ejerce en su domicilio, en Chevilly-Larue, en la Isla de Francia (departamento de Val-de-Marne), prácticamente un barrio en el sur del gran París. Está dispuesto a seguir hasta cumplir cien años "siempre que esté en forma", dice. Al menos tan en forma como ahora, cuando "ni siquiera usa gafas", como señala uno de los pacientes a quienes atiende.
"Me gustaría tener menos pacientes, pero somos solo tres médicos para 19.000 habitantes y soy el único que recibe sin cita, cojo a los treinta primeros que llegan", explica. En enero podría haberlo dejado, pero los médicos que habrían podido sustituirle se instalaron en otro lugar: "Sigo por los enfermos. No podía abandonar a mis pacientes. Es una cuestión de moral". 
El doctor Chenay es un católico ferviente y también dedica su tiempo a atender a los religiosos ancianos y enfermos del cercano Seminario de las Misiones, "para cuidarles y ayudarles a resistir". Es un ejercicio vocacional de su profesión, tanto que ha visto jubilarse incluso a uno de sus hijos, de 67 años, quien trabajó con él durante 37 años y recuerda que algunas personas se aprovechaban mucho de él: "No sabía decir que no". Esa bondad de trato y su capacidad de escuchar es lo que más valoran sus enfermos (algunos de ellos, sin papeles) en unos tiempos de un ejercicio de la medicina muy deshumanizado.

En la vida de este anciano médico se suceden varios hechos dramáticos. Su padre no quería tener hijos en el momento en el que su madre quedó embarazada, así que la obligó a abortar. Ella lo intentó con quinina e incluso con una aguja de tricotar, pero Christian se las arregló para "aferrarse a la vida", según cuenta él mismo, hasta que sus progenitores desistieron.
Marcado por el drama
Tras concluir sus estudios al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el doctor Chenay estuvo en Estados Unidos especializándose en neurología y también en hipertensión, área esta última en el que sus investigaciones brillaron hasta darle cierto nombre. Siendo profesor de fisiología se enamoró de Doli, una joven de origen navajo que murió en un accidente de tráfico, un hecho que le marcó tanto que decidió volver a Francia.
Con el tiempo, pudo olvidar y en 1950 se casó con Marthe, la que ha sido madre de sus dos hijos y su asistente en la consulta. En 1951 se instalaron en su residencia actual, así que lleva cerca de sesenta años atendiendo a varias generaciones de vecinos, a sus hijos, a sus nietos... En 1997, Marthe sufrió un brutal ataque con unas tijeras por parte de un paciente enfurecido, que se vengó así de que su marido no reconociese la incapacidad que reclamaba. Murió en 2002. Hace seis años, el doctor contrajo un nuevo matrimonio con Suzanne, una mujer vietnamita de "setenta y muchos" a quien conoció visitando una pagoda budista en París junto a unos amigos.
El doctor Chenay acaba de publicar un libro, ¿Y si la vejez no fuese un naufragio? ¡Veteranos, despertad!, donde reivindica el papel de los ancianos en una sociedad entregada al culto a la juventud.
Él, desde su experiencia, confiesa que ha sido feliz: "He tenido esposas adorables. Estar bien acompañado es lo más importante... No hay que tomarse la vida demasiado en serio, sino tal cual es".


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