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segunda-feira, 25 de fevereiro de 2019

Con quemaduras por todo el cuerpo y 30 cirugías desde bebé, agradecido se entrega a Dios como fraile

Fray Juan se dedica a evangelizar por el mundo haciendo autostop


Fray Juan no guarda ningún resentimiento por todo lo que ha pasado en su vida sino agradecimiento a Dios




Fray Juan evangeliza haciendo autostop por las carreteras de Estados Unidos e Italia. Este joven dominicano pertenece a los Pequeños Frailes de Jesús y María, y anuncia la Buena Nueva a tiempo y a destiempo porque ha visto auténticos milagros en su vida. Es de ellos precisamente, de la amorosa acción de la Virgen María y de Jesús en su vida, de los que habla cada vez que tiene oportunidad en los caminos.
Su experiencia tan cercana a la muerte, y las duras pruebas que ha vivido durante toda su vida a través del sufrimiento le han unido tanto a Dios que ha decidido entregarse a la pobreza radical y a la sencillez de una vocación que se centra en la evangelización.
El inicio de la vida de Juan en República Dominicana estuvo marcado por un gravísimo accidente. Cuando tenía 7 meses de edad cayó desde la cuna a una chimenea. Las quemaduras fueron tan graves que le dejaron muy dañados los pulmones, los ojos completamente cerrados y la cabeza totalmente hinchada, entre otras muchas heridas.
“María, intercede por él”
Los médicos dijeron a su madre que era muy probable que no falleciera debido a la gravedad de las heridas en un bebé tan pequeño. En ese momento, según recoge Portaluz, su madre le tomó en brazos y rezó a la Virgen: “María, intercede por él a través de tu hijo Jesucristo”.
“Ella rezó esta hermosa oración con fe. Tres días después de esa oración mi cabeza volvió a la normalidad, mis ojos volvieron a abrirse y mis pulmones empezaron a funcionar”, explica fray Juan.
Los médicos no dieron crédito a lo que veían y consideraron lo sucedido como un milagro. Una vez que contra todo pronóstico había sobrevivido ahora le tocaba afrontar el calvario de las cirugías de reconstrucción. Siendo bebé fue la primera. En los siguientes 30 años siguieron otras 22 intervenciones más.
La paz hallada en la Eucaristía
Pese a todo esto, Juan se siente afortunado y agradecido con Dios, paz que asegura haber encontrado a lo largo de su vida en la Eucaristía y en la “vida sencilla con Cristo”.
Así fue como poco a poco fue floreciendo en él la vocación a entregar su vida por completo al anuncio de esta Buena Nueva que puede llevar paz y felicidad a vidas como la de él mismo. Y esta llamada quedó confirmada igualmente gracias a la Virgen María, y de nuevo tras un suceso cercano a la muerte.
Las palabras de María
A los 14 años le quitaron un injerto de piel desde la espalda para que pudiera mover el cuello. Tras la operación comenzaron las complicaciones hasta que su corazón se detuvo. Durante ese momento tuvo una visión que cambiaría su vida para siempre:
“Vi mi cuerpo cuando el médico intentaba ayudarme a volver a la vida… desde arriba. Al mismo tiempo, dos alas –bueno, eran algo así como un ángel- me llevaron a este lugar, un lugar muy hermoso. Vi a Mamá María y vi a Jesucristo. Jesucristo estaba en su trono. Tenía una ropa blanca muy brillante. Con una sonrisa asombrosa María dijo: ‘Hijo mío, no es tu tiempo porque tienes una misión que cumplir en la tierra’. Después de que Ella me habló, volví rápidamente. Esto cambió todo en mi vida”, explica este dominicano.
Recordando aquel momento, asegura también que “a través de esta bella visión comprendí que sólo quedamos un tiempo en este mundo. Comprendí que necesitamos vivir una vida con valores. Creo que el infierno existe, y sé que el paraíso y el purgatorio existen. Hoy, cuando rezo y comulgo en la Eucaristía, le dijo algo a Dios a través de María. Yo digo: ‘María, ayúdame porque no quiero que mi corazón se convierta en una roca. Quiero un corazón de carne, un corazón simple y abierto”.
Una vocación muy concreta a la evangelización
Al final Juan eligió el carisma de los Pequeños Frailes de Jesús y María, una pequeña comunidad religiosa aprobada por la Santa Sede en 2014 que nació en Sicilia y que por un lado abraza la espiritualidad de la contemplación carmelita, y por otro la pobreza y la evangelización franciscana.
Como parte de su formación está en vivir y evangelizar por las calles viviendo de la providencia, durmiendo en estaciones de autobuses o bancos y moviéndose en autostop. “Se trata de salir a la calle para llevar almas a los sacramentos”, explica.
Una oportunidad para hablar con la gente
Fray Juan cuenta alguna de estas experiencias como la peregrinación que hizo des Louisiana a Santa Fe (Nuevo México) donde asegura que encontró “personas que estaban tratando de encontrar un sentido a sus vidas”.
“Preguntan: ‘¿Por qué no tienes un  coche? ¿Por qué no tienes una vida normal?”, cuenta este joven dominicano. Esta es la vía por la que sus interlocutores abren la puerta para que ellos puedan comunicar cómo “encontramos nuestra paz”.
Pero no siempre son acogidos. En esta peregrinación “algunas personas llamaron a la Policía porque nos confundieron con terroristas del ISIS. Siete coches de Policía vinieron y nos rodearon con armas de fuego. Nerviosos y asustados les preguntamos: ‘¿Por qué nos hacen esto? Venimos en la paz de Jesucristo’”.  Al conocer a estos frailes los agentes se disculparon e incluso les pidieron que se quedaran todo el tiempo que quisieran.
Publicado originariamente en Cari Filii News


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