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domingo, 26 de julho de 2020

A los 39 años Matthew perdió todos sus brazos y piernas: «Aprendí a gozar de cada día»

Ingeniero, busca mejores prótesis y soluciones y goza de la vida y la familia


Matthew Ames perdió brazos y piernas en 2012, a los 39 años... él y su familia han aprendido a adaptarse y a ser felices
Matthew Ames perdió brazos y piernas en 2012, a los 39 años... él y su familia han aprendido a adaptarse y a ser felices



P.J.Ginés/ReL



¿Cómo vivirías si perdieras un brazo? ¿Y los dos? ¿Y si perdieras las piernas también? Hay historias de superación asombrosas de personas que han nacido sin brazos o sin piernas, pero la historia es distinta cuando un adulto tiene que aprender a vivir así, a mitad de su vida. Es el caso de Matthew Ames, un ingeniero australiano.

A los 39 años lo que parecía empezar como una gripe con problemas de garganta se convirtió en un shock con graves problemas de sepsis.

"Los médicos propusieron amputar su brazo izquierdo para detener las toxinas que salían de los músculos que estaban muriendo, para que no afectasen a sus otros órganos, que estaban colapsando. Así que amputaron un viernes por la noche y el sabado me dijeron que no podían ya ayudarlo, que iba a morir", explica su esposa Diane, que llevaba 17 años casada con él cuando sucedió esto en 2012. Los médicos dijeron que podían intentar cortar todas las extremidades, pero que daban sólo un 1% de probabilidades de que sobreviviera. Pero Matthew sobrevivió.

Despertó después de 3 semanas en coma inducido y comprobó que le habían cortado las cuatro extremidades, no sólo una. Y decidió aprender a vivir así, cada vez mejor.

La importancia de la fe

"Ha sido muy importante para nosotros tener fe, especialmente para los niños", dice Diane. "Para ellos la fe es algo vivo, el Cielo se puede tocar. Tan pronto como Matthew enfermó, organizaron un santuario de oración en nuestro dormitorio. Tengo videos preciosos en los que rezan diciendo: 'papá, estás luchando muy, muy duro para quedarte con nosotros, esperamos que Dios te deje quedarte con nosotros".

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En la escuela católica de los niños se organizaron turnos durante meses y meses para apoyar a la familia con las comidas y necesidades logísticas. Participaron 65 familias. Luego muchas ayudaron en el largo proceso de conseguir las prótesis adecuadas para Matthew, caras y necesitadas de recambios y adaptaciones cada 6 años. Ningún seguro le ayudaba: no había sido accidente de trabajo ni podía jubilarse. Muchos colaboraron a través de su blog Renovating Matthew.

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Tomarlo con calma, cuidar a los seres amados

Han pasado 7 años. Matthew aprendió muchas cosas: a usar sus prótesis, a conducir un coche modificado, a reorganizar su vida. Sobre todo, a tomarlo todo con más calma y estar más tiempo con sus seres queridos. Como ingeniero, quiere que las cosas funcionen, busca soluciones. Colabora con asociaciones que quieren mejorar los sistemas sanitarios para evitar errores y problemas de sepsis como el que le dañó. Da charlas en colegios católicos, algo que le gusta mucho, y muestra que la vida vale la pena. "Me gusta contar mis historias y escuchar las de otras personas". Su hermana le ayudó a contar su historia en un libro porque muchas personas le daban gracias y le decían que su ejemplo las ayudaba.

Matthew se ha apoyado mucho en el amor de su familia, de sus vecinos, de mucha gente. También su psicología y formación: de su padre heredó tozudez y una actitud muy activa ante la vida, y muchos parientes muy unidos. "Mi padre es una fuerte inagotable de energía", dice.

matthew_hija

Los hijos han asumido los cambios con normalidad. "Tenemos los mismos retos que todas las familias con adolescentes y niños pequeños; pero sí, la enfermedad nos ha unido, y nos ha llevado por un proceso extraordinario", admite.

Apreciar la vida, ver a Dios en el amor

Mientras muchos países empiezan a construir una cultura de la eutanasia, para matar a los enfermos que, por supuesto, no quieren ser una carga para sus seres queridos, Matthew responde sobre el valor de la vida. "No le digo a nadie lo que tiene que hacer, pero lo que me ha pasado me ha enseñado a apreciar de verdad la vida. Soy muy afortunado. Podía haber muerto. No me preocupo de las cosas que no puedo hacer, sino de las muchas que hago".

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Con su hijo y su vehículo adaptado

Sobre su fe, explica que él no le pregunta a Dios "¿por qué me has hecho esto?" Dice que reza a su manera, y que quizá lo más importante para su vida espiritual ha sido el bajar el ritmo, el ir más despacio. "Lo más difícil era aprender a aceptar lo que había pasado", señala. También cree que Dios actúa a través del mucho amor que ha recibido y que ve en la gente generosa.

Entrevistado en el Día del Padre, su consejo a los padres es pasar más tiempo con los hijos, conectar más con ellos. "Al final de todo, son esas conexiones con nuestros hijos lo más importante, y hay que encontrar formas de desarrollar esos vínculos con las personas cercanas a nosotros".


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