Miguel Francisco Macías no quiere morir sin concluir su obra
| A don Miguel Macías aún le quedan años de trabajo, pero no descansará hasta ver su sueño cumplido. |
Alver Metalli / Tierras de América 13 enero 2016
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No hay duda que en algún momento debe
haber pensado tener todo listo para el viaje del Papa en febrero. Y que
el ilustre huésped, después de visitar la Virgen de Guadalupe, hiciera
uno de esos saltos suyos fuera de programa y bendijera los frescos que
ya le resultan conocidos por el original. Pero no tendremos ninguna
sorpresa, y para ver completa la réplica mexicana de la Capilla Sixtina
habrá que seguir esperando. Miguel, como Buonarroti, pero de apellido
Macías, calcula que todavía necesita tiempo para terminarla, después de
los 14 años que le ha llevado llegar al punto en que hoy se encuentra.
Don Miguel Francisco Macías levanta la cabeza y evalúa el trabajo realizado. La cúpula es un mundo de color y refleja un esfuerzo obstinado y casi solitario. Afuera, en el bario Colonia Moctezuma de Ciudad de México donde se levanta el templo del Perpetuo Socorro, el bullicio del tráfico no hace sospechar lo que ocurre dentro de la iglesia. La actividad es intensa. Don Miguel Francisco Macías y sus ayudantes están trabajando en el Juicio Final. El original romano, el de Miguel Ángel, quedó grabado a fuego en la mente del Miguel mexicano cuando pudo contemplarlo un día del año 2000, el año que comenzó un nuevo milenio y el Papa Juan Pablo II celebró un Jubileo especial.
Don Miguel Francisco Macías levanta la cabeza y evalúa el trabajo realizado. La cúpula es un mundo de color y refleja un esfuerzo obstinado y casi solitario. Afuera, en el bario Colonia Moctezuma de Ciudad de México donde se levanta el templo del Perpetuo Socorro, el bullicio del tráfico no hace sospechar lo que ocurre dentro de la iglesia. La actividad es intensa. Don Miguel Francisco Macías y sus ayudantes están trabajando en el Juicio Final. El original romano, el de Miguel Ángel, quedó grabado a fuego en la mente del Miguel mexicano cuando pudo contemplarlo un día del año 2000, el año que comenzó un nuevo milenio y el Papa Juan Pablo II celebró un Jubileo especial.
El semanario de la Arquidiócesis de Ciudad de México Desde la Fe en su último número cuenta la historia de Miguel Francisco Macías. Trabajó como cocinero para pagar los estudios en Diseño Gráfico
que le permitieron vivir hasta su jubilación, en el año 2000. Tenía
sesenta años y en ese momento se le presentó una tan deseada como
inesperada oportunidad: viajar a Roma para acompañar a un amigo
arquitecto. Le regalaban la mitad del pasaje y el resto pudo cubrirlo
con sus ahorros y vendiendo algunas cosas. Su devoción de católico mexicano lo acompañó en la peregrinación por la Ciudad Eterna: la basílica vaticana, los museos, las tumbas de los papas, la Sixtina.
El impacto de la belleza y armonía de la Capilla lo dejó embelesado y quedó grabado en su mente. “El día que la visité”, recuerda con emoción, “me quedé contemplándola hasta que los guardias me obligaron a abandonar la sala”. En medio del torbellino de sentimientos comienza a tomar forma una comparación. “Me percaté de que las dimensiones del techo eran semejantes a las de mi parroquia, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro”.
El impacto de la belleza y armonía de la Capilla lo dejó embelesado y quedó grabado en su mente. “El día que la visité”, recuerda con emoción, “me quedé contemplándola hasta que los guardias me obligaron a abandonar la sala”. En medio del torbellino de sentimientos comienza a tomar forma una comparación. “Me percaté de que las dimensiones del techo eran semejantes a las de mi parroquia, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro”.
Miguel Macías realizó allí mismo una primera verificación. “Medí el
ancho y el largo dando pasos por entre la gente”. Varias veces. Y surgió
una idea audaz, que quedó grabada hasta que volvió a su país. Con las
medidas escritas en una hoja de papel, Macías repitió el procedimiento
de medir con pasos la iglesia de su barrio. “Todo coincidía, salvo la
altura, porque la Capilla Sixtina tiene 20 metros de alto, mientras la
de aquí solo 10, pero hasta la curvatura de la bóveda era similar”. Nuevos cálculos para comparar con las clásicas medidas del Juicio Final: 630 metros cuadrados de superficie, divididos en 14 módulos.
Miguel Macías descartó desde el principio la posibilidad de pintar boca
arriba como el pintor italiano. Comprendió que su cuerpo no se lo
permitiría. Decidió pintar sobre lienzos, con la técnica del acrílico, y colocarlos después en la cúpula
como si fueran piezas de un gran mosaico. “Ese trabajo de colocación se
hace sobre una plataforma y el lienzo se eleva con un sistema de
ganchos y cuerdas”, una plataforma muy parecida a la que usaba el genio
del Renacimiento, en la que sube las telas enrolladas para colocarlas.
No han faltado accidentes y contratiempos, caídas, enfermedades, eventos
que obligaron a suspender el trabajo y atrasos en el plan previsto,
pero no lograron desalentarlo. En la lona que cubre el trabajo del día,
el Miguel Ángel mexicano ha pegado un letrero: “No te rindas Miguelito”.
“Cuando se colocó el primer lienzo, allá como en el año 2002, vino el cardenal Rivera Carrera a darle la bendición a la obra”. En diferentes oportunidades a través de los años, mientras nuevas piezas se iban sumando para formar la versión mexicana de la obra de Miguel Ángel, se fueron sucediendo las visitas ilustres. De vez en cuando los medios también hacen acto de presencia para controlar los progresos de la reproducción de la más universal obra de arte: Tele Azteca, Televisa, los canales Once, 22 y 40. Las cámaras de CNN, Tele Mundo Miami y periodistas de España, Inglaterra y Alemania también centraron el foco hacia arriba e hicieron innumerables preguntas al infatigable artesano de belleza.
“Cuando se colocó el primer lienzo, allá como en el año 2002, vino el cardenal Rivera Carrera a darle la bendición a la obra”. En diferentes oportunidades a través de los años, mientras nuevas piezas se iban sumando para formar la versión mexicana de la obra de Miguel Ángel, se fueron sucediendo las visitas ilustres. De vez en cuando los medios también hacen acto de presencia para controlar los progresos de la reproducción de la más universal obra de arte: Tele Azteca, Televisa, los canales Once, 22 y 40. Las cámaras de CNN, Tele Mundo Miami y periodistas de España, Inglaterra y Alemania también centraron el foco hacia arriba e hicieron innumerables preguntas al infatigable artesano de belleza.
El sueño de Miguel Macías todavía no ha terminado y seguirá después que
haya pasado la visita del Papa. Muy pronto cumplirá 70 años y espera
poder concluirlo antes de morir. “Si Dios me da licencia, vida y salud, yo me encargo de lo demás”,
dice aludiendo a los costos, que él mismo afronta con la ayuda de
amigos. Una señora anciana –cuenta- le lleva 250 pesos mexicanos cada
vez que cobra su pensión. Pero la mente del pintor no se aparta de la
obra que ahora lo está esperando: el Juicio Universal.
Publicado en Tierras de América.
VIDEO RELACIONADO - Réplica mexicana de la Capilla Sixtina
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