Konstantin Gudauskas supo utilizar su pasaporte al servicio de los demás.
Konstantin Gudauskas nació en Kazajistán en una familia cristiana de padre católico: “Me enseñaba el amor a Dios”, recuerda.
En un país donde las tres cuartas partes de la población es musulmana y el presidente comunista Nursultán Nazarbáyev estuvo desde el final de la URSS hasta 2019, Konstantin era un activista en favor de las personas “cuyos derechos no eran respetados”. Hace una década fue expulsado: “Al poder no le gustaba lo que hacía y fui obligado a abandonar Kazajistán y residir en Ucrania”.
Un pasaporte al servicio de los demás
Allí vivía cuando, el 24 de febrero de 2022, Rusia desató su ofensiva en el Donbás. Gudauskas recibió esa noche la llamada de una amiga, que le advertía de que los rusos habían entrado en una ciudad donde había quedado atrapada una familia que ella conocía: “Tienes pasaporte kazajo… Dado que Kazajistán es muy amiga de Rusia, hay una posibilidad de que no te maten”, argumentó la mujer para sugerir a Konstantin que acudiese a rescatarlos.
“Me puse de rodillas y pedí al Señor que me salvase”, confiesa el héroe kazako: “Pero el Señor me dijo: ‘Lo que debes salvar es vidas humanas. Necesito tus manos. Este es el desierto que debes atravesar”. Así que Gudauskas aceptó la misión.
- Diversos momentos de Konstantin en el 'Meeting' de Rímini.
Efectivamente, soldados rusos le pararon en la carretera en un control, le pidieron su documentación y le preguntaron por qué iba en dirección a una ciudad que estaba siendo centro de combates. Acostumbrado a enfrentarse al poder, Konstantin mantuvo la sangre fría suficiente para explicar que acudía en busca de su familia.
¡Y pasó! El pasaporte kajako obró el milagro esperado.
Cuando llegó al lugar convenido, le esperaba un hombre que le condujo hasta el escondite de la familia: “Le dije a los niños: para que podáis ver a vuestro papá, tenéis que decirle a todo el que os pregunte que yo soy vuestro papá”.
La voluntad de Dios
Fue su primer rescate, pero no el último: “He podido salvar la vida de muchas personas”. Solo de Bucha, lugar de grandes matanzas, pudo extraer a 205 ucranianos: “Me hace feliz pensar que el Señor vino durante aquel periodo, cuando yo tenía tanta necesidad de Él”.
Konstantin presume de que ninguno de los transportados en su vehículo llegó a sufrir daño alguno: “Cuando veo los disparos y agujeros que tenía, comprendo que fue el Señor quien nos condujo a través de aquel infierno”.
“Lo que hice fue el trabajo de Dios a través de mis manos”, afirma en una entrevista durante el Meeting de Rímini de Comunión y Liberación, donde ofreció su testimonio el 25 de agosto junto a Pavlo Honcharuk, obispo de Járkov y Zaporiyia.
El objetivo de su diálogo junto a monseñor Honcharuk era explicar a los presentes que, incluso en medio de situaciones tan dramáticas, es posible evitar el odio y el rencor, mantener la pasión por la vida cuando a tu alrededor mueren parientes y amigos, y ayudar a quien corre el riesgo de desesperarse.
“Nunca habría tomado la decisión de hacer esto si no hubiese habido una llamada de Dios”, concluye Konstantin: “Ésa era la voluntad de Dios, hacer ver que en el infierno más oscuro está la luz”. Y aunque el recuerdo de lo vivido “no se va”, “ese dolor sirve para recordarme que el mundo hoy tiene necesidad de servicio”.
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