Desamunar, cenar o merendar… lo importante es estar juntos, con conversación y lazos compartidos, y la comida ayuda
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| Cenar en familia - © Pixabay |
La terapeuta familiar Anne Fishel asegura que “en los últimos treinta
años ha decaído de modo dramático” la costumbre de cenar todos juntos,
padres con hijos, en familia. Recuperar esta práctica, según Fishel, es
la mejor forma de invertir en nuestra familia.
El 95 por ciento de las familias estadounidense consideran que cenar
en familia es una buena costumbre, pero, aun así, tan solo un 50 por
ciento de ellas la practican.
En España ya sucede
En España, cada vez es más frecuente que los niños cenen pronto para irse a la cama y que, una vez acostados, cenen los padres.
En España, cada vez es más frecuente que los niños cenen pronto para irse a la cama y que, una vez acostados, cenen los padres.
También es habitual que, cuando los hijos son mayores, cada uno cene
conforme llega a casa, en “compañía” de la televisión o de un
dispositivo electrónico…
Con el objetivo de “rescatar” esta sana costumbre y de hacerla más
placentera para aquellas familias que aún la siguen practicando, nació
hace seis años una iniciativa interdisciplinar como parte del Proyecto
Zero desarrollado por la Universidad de Harvard: The Family Dinner
Project (FDP o, en español, Proyecto Cenas en Familia).
La terapeuta familiar Anne Fishel, cofundadora del proyecto FDP y autora del libroHome for Dinner: Mixing Food, Fun, and Conversation for a Happier Family and Healthier Kids
(2015) –en español, ‘En casa para la cena: combina comida, ocio y
conversación para que tu familia sea más feliz y tus hijos estén más
sanos’–, asegura que las cenas son el evento de la rutina familiar “que
más dividendos produce”.
A las familias que cenan juntas les irá bien
Fishel está convencida de que si las familias cenaran juntas, su trabajo como terapeuta familiar “sería innecesario”, pues está demostrado que “aquellas que cenan juntaspadecen menos estrés y sus miembros se sienten mucho más unidos”.
Fishel está convencida de que si las familias cenaran juntas, su trabajo como terapeuta familiar “sería innecesario”, pues está demostrado que “aquellas que cenan juntaspadecen menos estrés y sus miembros se sienten mucho más unidos”.
Además, “al llegar a la adolescencia, los hijos de estas familias son
menos propensos a padecer desórdenes alimenticios o depresión, así como
a abusar de ciertas sustancias o a ejercer de forma precoz su
sexualidad”, dice.
Por si fuera poco, Fishel añade un par de datos especialmente
llamativos: “La conversación que tiene lugar alrededor de la mesa
incrementa de un modo significativo el vocabulario de los niños, incluso
más que leerles cuentos antes de dormir, y, además, mejora su
rendimiento escolar”.
(Vea aquí en español en PDF ideas para la conversación durante la cena, por edades)
Por eso, FDP intenta que cada vez sean más las familias que puedan
beneficiarse de estas ventajas. Y lo está logrando: “Más de un millón de
familias en Estados Unidos ya han participado en alguna de las
modalidades de FDP”, afirma.
Cenas más saludables
FDP se centra en sacar el máximo partido de todo lo que ocurre alrededor de la mesa familiar. Por una parte, la cena puede convertirse en un espacio de entretenimiento cotidiano y, a la vez, garantiza una alimentación más saludable.
FDP se centra en sacar el máximo partido de todo lo que ocurre alrededor de la mesa familiar. Por una parte, la cena puede convertirse en un espacio de entretenimiento cotidiano y, a la vez, garantiza una alimentación más saludable.
Según Fishel, “está comprobado que, durante las cenas en familia, los
niños comen menos grasa, azúcar y sal, y que aprenden a comer más
verduras y vegetales, por lo que disminuye la probabilidad de que sufran
obesidad. Además, se ha demostrado que cuando estos niños comienzan a
hacerse cargo de su alimentación, mantienen estos hábitos saludables”,
asegura.
Si no es posible cenar juntos, al menos desayunar o merendar
Para aprovechar estos múltiples beneficios, es suficiente con que la
familia cene junta cinco días a la semana. Sin embargo, si para una
familia es difícil reunirse a la hora de la cena, FDP les plantea que
desayunen juntos, tomen la merienda o se reserven las comidas del fin de
semana.
No hay una fórmula única, lo importante es establecer esta “cita familiar”, en un horario y un espacio previamente concertados.
La mejor hora del día
Uno de los proyectos estrella de FDP son las cenas comunitarias, en las que se reúnenentre cinco y cincuenta familias para disfrutar cocinando juntas.
Uno de los proyectos estrella de FDP son las cenas comunitarias, en las que se reúnenentre cinco y cincuenta familias para disfrutar cocinando juntas.
Estas familias se inscriben en la web www.thefamilydinnerproject.org
y reciben por e-mail ideas para realizar dinámicas durante la cena,
para entablar una conversación interesante, y hasta recetas sencillas
que se pueden preparar en treinta minutos y con solo ocho ingredientes.
Cuatro semanas después, algunas familias participan en otra cena
comunitaria para comentar cómo han evolucionado sus cenas familiares… y
sus familias.
“La mayoría de las familias comienzan el programa porque quieren
mejorar su alimentación. Pero, al final, descubren que no solo han
logrado este objetivo, sino que también se lo pasan muy bien juntos, y
reconocen que no se habían dado cuenta de lo mucho que les hacían falta
estos ratos en familia”, explica Fishel.
En otras palabras, descubren que con dedicar tan solo una hora al día
–entre cocinar, cenar y recoger la mesa– pueden sacar el mejor
rendimiento para el futuro de su familia.
¿Muy ocupados para cocinar?
Muchas familias dicen estar demasiado ocupadas o muy cansadas al final del día para ponerse a cocinar. En estos casos, Fishel recomienda cocinar el doble durante el fin de semana y congelar en tuppers lo que sobre para otro día de la semana.
Muchas familias dicen estar demasiado ocupadas o muy cansadas al final del día para ponerse a cocinar. En estos casos, Fishel recomienda cocinar el doble durante el fin de semana y congelar en tuppers lo que sobre para otro día de la semana.
Cuando se lamentan de que sus niños se resisten a comer, Fishel
indica que no conviene caer en el “si te tomas el calabacín, podrás
comer helado de postre”, pues esto los hace aún más quisquillosos con la
comida. También aconseja no dejarlos picar entre horas ni comer en el
coche.
En aquellos casos en los que los adolescentes de la familia se
muestren reticentes a participar en las cenas, la terapeuta familiar
sugiere “crear una atmósfera alegre y cálida durante la cena”, ¡y libre
de tecnología!, pues “la tecnología es una de las mayores fuentes de
tensión”.
Fishel ha estudiado el fenómeno y ha observado que los padres
utilizan los dispositivos tecnológicos en la mesa el doble que sus
hijos, así que propone que sean los adultos los primeros en modificar su
comportamiento, y que “fijen parámetros claros: ‘vamos a dejar los
móviles en una cesta’ o ‘solo vamos a usar el móvil para compartir entre
nosotros (una foto graciosa, un e-mail…), pero no para comunicarnos con
alguien que no esté con nosotros en la mesa”.
Que los niños participen desde la cocina
Fishel recomienda que los niños participen en el proceso de planear y preparar las cenas para que las disfruten más.
Fishel recomienda que los niños participen en el proceso de planear y preparar las cenas para que las disfruten más.
“Cualquier tarea que implique que los niños toquen los alimentos, los
mezclen o los elijan, los convierte en ‘accionistas’ de este proyecto y
contribuye a que quieran cenar con más gusto”.
Por ejemplo, podemos pedirles que nos acompañen al supermercado y que
elijan un vegetal interesante para, luego, poder cocinarlo juntos en
casa”.
Y concluye: “A la mayoría de los niños les gusta ayudar y debemos animarlos a hacerlo”.
Contar las historias de la familia
FDP anima a los participantes a contar historias sobre su familia durante las cenas, pues se ha descubierto que esta práctica genera grandes beneficios. Por ejemplo, “los niños que aprenden a contar historias son mejores lectores –explica Fishel–. Además, aquellos que conocen el pasado de su familia son más resilientes y tienen una mayor autoestima”.
FDP anima a los participantes a contar historias sobre su familia durante las cenas, pues se ha descubierto que esta práctica genera grandes beneficios. Por ejemplo, “los niños que aprenden a contar historias son mejores lectores –explica Fishel–. Además, aquellos que conocen el pasado de su familia son más resilientes y tienen una mayor autoestima”.
El Proyecto emplea unas tarjetas con preguntas que ayudan a iniciar
la conversación:invitan a los participantes a contar, por ejemplo, la
historia de una receta familiar,la de alguien que haya superado una
dificultad en su familia o la historia de amor de sus padres… En su
página web sugieren preguntas adecuadas para cada grupo de edad.
Publicado originariamente por Isabel Molina en www.revistamision.com
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