terça-feira, 13 de dezembro de 2016

El santo cura de Ars le dijo «usted será misionera» y se convirtió en una sanadora entre los maoríes

ReL  12 diciembre 2016

La Sierva de Dios Suzanne Aubert, en un retrato de la catedral de Auckland
El Papa Francisco ha firmado el decreto que reconoce las virtudes heroicas de Suzanne Aubert (1835-1926), una misionera francesa en Nueva Zelanda, entre los maoríes, muy conocida en el país oceánico. Su vocación llegó de la mano de un santo francés: San Juan María Vianney, el cura de Ars.

"Usted irá a misiones en dos años"
Nació en Saint-Symphorien-de-Lay, cerca de Lyon. Cuando quiso hacerse religiosa sus padres se opusieron, por lo que fue a consultar al párroco más famoso de Francia, Juan María Vianney, el Cura de Ars. El santo le dijo: “Mi querida niña, usted partirá a las misiones en dos años… Le ayudaré más en la muerte que en vida… ¡Cuántas cruces, dificultades le esperan en la vida!”.

Y efectivamente, se le presentó la ocasión de partir como misionera. En 1860 se unió a un grupo de misioneros, que encabezados por el obispo de Auckland, el francés monseñor  Pompallier, partieron para Nueva Zelanda.

Ella aún en Francia, cuando descubrió su vocación religiosa y misionera, había estudiado en secreto cursos de medicina, reservados a los hombres. Esto la ayudó mucho en Nueva Zelanda.

Sanadora itinerante
En el jovencísimo nuevo país isleño recorrió los bosques a pie o a caballo, aprendió a nadar, experimentó con medicamentos, a partir de sus conocimientos y a partir de las plantas de la medicina tradicional.

Intentaba curar a los maoríes, diezmados por las enfermedades llegadas de Europa: la difteria, la fiebre tifoidea, la escarlatina… Muchas veces lo conseguía y los maoríes la llamaban “la mujer que lleva a los muertos a la vida”.

Publicó un diccionario inglés-maorí para facilitar el diálogo entre los maoríes y los pakeha (los no maoríes) que fue diccionario de referencia durante cincuenta años.

Tras unos años en Auckland y en Meanee, donde acogía a enfermos de todas las religiones, llegó a la población de Hiruharama, el nombre maorí de Jerusalén, a orillas del gran río Whanganui. Allí fundó en 1883 la primera congregación religiosa neozelandesa, las Hijas de Nuestra Señora de la Compasión (www.compassion.org.nz), que hoy cuenta con unas 70 hermanas que trabajan con los pobres en Nueva Zelanda, Australia, Tonga y Fiji.

La Madre Aubert con los niños de su primer orfanato
Orfanatos y plantas medicinales
El carisma de la congregación se definió como “compartir los sufrimientos de todos”. Empezaron con un orfanato para niños, sobre todo blancos, porque los huérfanos maoríes solían quedar reintegrados en los clanes de su familia.

Para sufragar los gastos del orfanato, decidió comercializar medicinas elaboradas a partir de las plantas maoríes. Así aparecieron en todos los hogares del país los remedios medicinales “Mary Mother Joseph Aubert Medicine”. Las cajas y los frascos llevaban su imagen y, debajo, la nota de que habían sido preparados bajo la directa supervisión de la misionera.

Reconocimiento de la Iglesia
En 1912 volvió a Europa para que su pequeña congregación sea reconocida por el Papa Benedicto XV, que en sus numerosos encuentros la llamó “la hermanita del Cura de Ars”. A su vuelta, creó en 1920 una escuela de enfermería.


Cuando murió, el 1 de octubre de 1926, se reunió una multitud inmensa, desde el primer ministro del país hasta el último de sus amigos maoríes. Una biografía sobre la madre Suzanne Aubert fue"Libro del Año" en 1996 en Nueva Zelanda.


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