"Se suponía que debía dar la bendición y, en lugar de eso, vio mi ramo de rosas", dice Carmelina.
Francisco acaba de salir del hospital, después de su ingreso más prolongado como Papa. Con voz fatigosa, sus primeras palabras desde el balcón del Gemelli fueron de agradecimiento, en especial, para una mujer que llevaba unas flores amarillas. Pero, ¿quién era? Avvenire acaba de contar su historia.
"Veo a una señora con flores amarillas, ¡buena niña!", dijo el Papa. Aquella señora es Carmela Mancuso (conocida como Carmelina), que atesora una historia de "muy buena persona".
Con los que más sufren
Carmelina procura participar siempre en todas las audiencias y celebraciones públicas del Papa, y no pierde la oportunidad de demostrarle su cariño. Le gusta saludarlo, ofrecerle un ramo de flores, tenderle la mano y desearle un buen día (como lo atestiguan las fotos de los numerosos encuentros).

Carmelina en una Audiencia General en el Aula Pablo VI.
Francisco la conoce bien, hasta el punto de que una vez, cuando Carmelina se presentó sin su habitual ramo de flores, inmediatamente lo hizo notar: "Carmelina, ¿y las flores?".
Un nexo profundo une la historia de Carmelina con la enfermedad de Francisco: la mujer, de 79 años, siempre ha cuidado de las personas que más sufren, es más, se podría decir que ha hecho de esto su misión de vida.
Lo hizo sobre todo con su hermano discapacitado Mimmo, a quien acompañó durante toda su vida, viviendo con él, sosteniéndolo siempre, hasta su último aliento.
Profesora y directora de la Escuela Primaria Giovanni Pascoli de Reggio Calabria (Italia), una de las más importantes del centro histórico, Carmelina siempre ha querido a todos sus alumnos por igual. Además, ha estado muy involucrada en la parroquia de Santa Caterina.
El portal Avvenire considera que el saludo del Papa a Carmelina no fue una casualidad. Francisco, en su fragilidad, quiso mostrar de este modo al mundo un ejemplo de cuidado y proximidad: los "grandes" son aquellos que cuidan a los "pequeños".
La propia Carmelina expresó con gran emoción su sorpresa por este saludo inesperado: "No sé qué decir. Gracias, gracias, gracias al Señor y al Santo Padre. No pensé que me 'viera tan bien' -dijo-. Se suponía que debía dar la bendición y en lugar de eso vio mi ramo de rosas. Deseo que se mejore pronto y regrese con nosotros como antes".
El ramo de Carmelina fue depositado por el Papa en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, por donde Francisco pasó a rezar a la Virgen, camino de su residencia de Santa Marta en el Vaticano.
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