Los Reyes reflejan la imagen de todos los hombres que en su vida no han dejado que se les anestesie el corazón
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| Francisco besa la imagen del Niño en la misa de Reyes 2016 |
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- En la solemnidad de la Epifanía del
Señor, el papa Francisco presidió la misa en la basílica de San Pedro.
Con el Gloria in Excelsis Deo cantado por el coro de la Capilla Sixtina inició la liturgia solemne, seguida por el Kyrie, en la basílica repleta de fieles y con hermosos arreglos florales.
En esta misa festiva que recuerda la adoración de los Reyes Magos al
Niño Jesús en el portal de Belén, el Santo Padre vestía paramentos color
crema con ribetes verdes y dorados, y portaba el palio. En cambio los
cardenales y obispos llevaban paramentos color crema y dorado.
En el lado izquierdo del dosel del Bernini estaba la imagen de María
con flores blancas a sus pies y en el centro, delante del altar y de la
tumba de san Pedro, una imagen con el Niño Jesús en la cuna, en cuya
cabecera se encontraba la sagrada Biblia.
Después del evangelio de Mateo cantado en latín, el cual narra el
viaje y encuentro de los Reyes Magos con el Niño Dios, se indicó también
la fecha de la fiesta de Pascua y las otras festividades móviles.
Francisco en su homilía señaló que estos hombres venidos de Oriente
“reflejan la imagen de todos los hombres que en su vida no han dejado
que se les anestesie el corazón”. Porque si la nostalgia de Dios tiene
su raíz en el pasado, “va en busca del futuro empujado por su fe”.
Así, explicó Francisco, mientras los magos caminaban, Jerusalén
dormía de la mano de un Herodes “bajo la anestesia de una conciencia
cauterizada”, y que que “los hombres de Oriente fueron a adorar, y
fueron a hacerlo al lugar propio de un rey: el Palacio”. Y Herodes tuvo
miedo.
“Ahí comenzó la osadía más difícil y complicada. Descubrir –explicó
Francisco– que aquel a quien ellos buscaban no estaba en el palacio sino
que se encontraba en otro lugar, no sólo geográfico sino existencial”,
lejos de los ídolos del poder, donde no lo esperamos.
Y descubrir “que en la mirada de Dios hay espacio para los heridos,
los cansados, los maltratados y abandonados: que su fuerza y su poder se
llama misericordia”. Entretanto aseguró el Santo Padre los magos
pudieron adorarlo porque se animaron a caminar y postrándose ante el
pequeño, ante el extraño y desconocido Niño de Belén, descubrieron la
Gloria de Dios”.
La oración universal de los fieles fue hecha en diversos idiomas:
polaco, armenio, japonés, sueco y chino, significando la univesalidad
del mensaje cristiano. Le siguió la liturgia eucarística.
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