segunda-feira, 7 de maio de 2018

Regina Coeli: El amor no es sentimientos o palabras, sino hechos

El Papa Con Una Persona Mayor © Vatican-Media
El Papa aboga por la protección de la vida en todas sus etapas

(ZENIT – 6 mayo 2018).- El amor “no es un sentimiento superficial” o “palabras” es “una actitud fundamental del corazón”, que se manifiesta en acciones concretas, dijo que el Francisco en el Regina Coeli de este Domingo 6 Mayo de 2018, en la Plaza de San Pedro. Se trata de amar al otro “no por palabras sino por hechos”.
¿Y quién es este otro para amar? “Es es el que me encontré en mi camino … empezando por el que está cerca de mi en familia, en la comunidad, en el trabajo, en la escuela …”, dijo el Papa, “y este amor por los demás no se puede reservar para momentos excepcionales, sino que debe convertirse en la constante de nuestra existencia”.
Bajo los aplausos de la multitud de 40.000 personas, llamó a “proteger a los ancianos como un tesoro precioso y con amor, incluso si crean problemas económicos y molestias … (a) proporcionar toda la asistencia posible a los  enfermos, incluso en la última etapa” y a acoger a los” niños por nacer” porque “la vida siempre debe protegerse y ser amada desde la concepción hasta su declive natural”.
Aquí está nuestra traducción integral de las palabras que el Papa pronunció para introducir la oración mariana.
AK
Palabras del Papa antes del Regina Coeli
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este tiempo pascual, la Palabra de Dios continúa mostrándonos estilos de vida coherentes para ser la comunidad del Resucitado. Entre ellos, el Evangelio de hoy presenta el mandato de Jesús: “Permaneced en mi amor. “(Jn 15,9) Permanece en el amor de Jesús. Vivir en la corriente del amor de Dios, hacer una morada estable allí, es la condición para que nuestro amor no pierda su ardor y audacia en el camino. Nosotros también, como Jesús y en Él, debemos acoger con gratitud el amor que proviene del Padre y permanecer en ese amor, procurando no separarnos de él por egoísmo o pecado. Es un programa difícil pero no imposible.
Sobre todo es importante tomar conciencia que el amor de Cristo no es un sentimiento superficial sino una actitud fundamental del corazón que se manifiesta en vivir como Él quiere. Jesús dice: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he observado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. “(V.10). El amor se realiza en la vida cotidiana, en las actitudes, en las acciones; de lo contrario, es solo algo ilusorio. Son palabras, palabras, palabras, no amor. El amor es concreto, de cada día. Jesús nos pide que guardemos Sus mandamientos, que se resumen de la siguiente manera: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. (V.12).
¿Cómo puede ser compartido con los demás este amor que el Señor Resucitado nos da? Jesús ha dicho muchas veces quién es el otro para amar, no por palabras sino por hechos. Él es el que encuentro en mi camino y que, a través de su rostro y su historia, me interpela; es quien, por su propia presencia, me impulsa a salir de mis intereses y mi seguridad; es el que espera mi disponibilidad para escuchar y caminar juntos.
Disponibilidad para cada hermano y hermana, sea quien sea y cualquiera que sea la situación en que se encuentra, empezando por el que está cerca de mi familia, en la comunidad, en el trabajo, en la escuela … De esta manera, si permanezco unido a Jesús, su amor puede unirse al otro y atraerlo hacia sí mismo, hacia su amistad.
Y este amor por los demás no puede reservarse para momentos excepcionales, sino que debe convertirse en la constante de nuestra existencia. Es por eso que estamos llamados a proteger a los ancianos como un tesoro precioso y con amor, incluso si te dan problemas económicos e inconvenientes, debemos protegerlos. Es por eso que debemos ofrecer toda la asistencia posible a los enfermos, incluso en la última etapa. Esta es la razón por la que los niños por nacer siempre deben ser bienvenidos; por eso, en última instancia, la vida siempre debe ser protegida y amada desde la concepción hasta su declive natural, esto es amor.
Somos amados por Dios en Jesucristo, quien nos pide que nos amemos así como Él nos ama. Pero esto solo podemos hacer si tenemos su mismo corazón en nosotros. La Eucaristía, a la que estamos llamados a participar todos los domingos, tiene la finalidad de formar en nosotros el Corazón de Cristo, de modo que toda nuestra vida esté guiada por sus actitudes generosas. Que la Virgen María nos ayude a permanecer en el amor de Jesús y crecer en amor para todos, especialmente los más débiles, para corresponder plenamente a nuestra vocación cristiana.
© Traducción ZENIT, Raquel Anillo

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