sábado, 16 de junho de 2018

El P. Aumente, un párroco cuyos fieles son payasos, trapecistas, hombres bala, magos, malabaristas…

Es un cura de circo, y pasa su vida visitando los más de 40 que hay en España

El P. Aumente con "gente buenaza" del circo


La parroquia del padre José Aumente es poco ortodoxa, explica la periodista Laura Daniele en el diario ABC. En lugar de altar, hay una pista y en lugar de una cruz, se alzan los mástiles de los trapecistas. Sus fieles también son personas “muy especiales”. Payasos, acróbatas, contorsionistas, equilibristas, escapistas, forzudos, hombres bala, magos, malabaristas, mimos, monociclistas... “Un sinfín de gente buenaza que como cualquier cristiano tiene derecho a tener su cura”, defiende el padre Aumente. Esta convicción ha llevado a este sacerdote a convertirse en un “cura itinerante”. Desde hace más de 20 años, recorre más de 40 circos repartidos por toda España para casar, bautizar y dar la primera comunión a los trabajadores y a sus hijos.
 
No caemos en la cuenta de que, por haber nacido en una determinada ciudad o pueblo, tenemos una parroquia, un cura, unos amigos, una escuela o un bar, pero el circense no tiene diócesis. La gente con la que se encuentran hoy, mañana desaparece de su vida. Por eso, al menos, intentamos que la Iglesia se haga presente en este mundo”, asegura el sacerdote, director de uno de los departamentos más desconocidos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el que se dedica específicamente a Ferias y Circos.
Pistas del circo
A sus 70 años, el padre Aumente no ha perdido la ilusión de llevar el Evangelio a lugares tan insólitos como los espectáculos circenses. “Donde mejor me encuentro es en el circo. Y me gusta celebrar los sacramentos en la misma pista, en el entorno en el que trabaja esta gente para que no se pierda ese calor, esa cercanía. Les quiero con locura y quiero que ellos vean en mí a la Iglesia”, asegura.
Este miércoles cuatro niños le esperaban en la pista del Circus Kaos en el recinto ferial de Tortosa (Tarragona). Johnny, Walter, Gioia y Emma se han estado preparando todo el año para recibir la Primera Comunión. Tres de ellos son los hijos de Pamela y Giovanni Marton, una pareja de trapecistas italianos que nacieron en el circo y llevan en España más de dos décadas. “Mis padres me enseñaron a rezar de pequeño y para mí es importante poder transmitir la fe a mis hijos para que ellos también puedan vivir lo que siempre hemos creído”, asegura Giovanni.
Los catequistas de estos niños de entre 9 y 11 años han sido sus propios padres y el maestro que les imparte las clases durante todo el curso escolar en una de las caravanas donde viven las familias. “Ahora es más fácil gracias a las nuevas tecnologías. Tenemos mucho material que se puede descargar de YouTube y a través del correo electrónico les envío todo lo que necesitan para que se vayan preparando”, asegura el sacerdote. Para la familia circense, el padre Aumente es un “miembro más”. “Es muy amable, le apreciamos mucho. Además bautizó a todos mis hijos”, asegura Pamela.
El P. Aumente celebrando una Primera Comunión en la pista del circo

Un paso más
El trabajo que realiza este párroco tan singular no está exento de obstáculos. Muchas veces impartir un sacramento se puede volver una tarea imposible, sobre todo por la vida itinerante que llevan estos trabajadores. El padre Aumente explica que “algunas parejas no se pueden casar canónicamente porque no recuerdan dónde fueron bautizados. Me dicen: ‘Padre yo creo que fue en tal año cuando el circo estaba por Sevilla’”. Esto ocurre porque, según denuncia el padre Aumente, no hay una relación entre las parroquias y el mundo circense. Se supone que la atención pastoral de esta gente recae en el párroco de la zona donde se instala temporalmente el circo, pero “en la vida real no se establece ninguna relación”.
“Es difícil hacer camino con ellos porque ellos hacen su vida en el camino”, asegura. Por ello, este sacerdote reclama que el circo sea reconocido como “una parroquia personal”, al estilo de la diócesis castrense, que permite que el personal militar pueda ejercitar su derecho a la libertad religiosa.
El P. Aumente, tras celebrar una Primera Comunión

Ese paso permitiría a los sacerdotes que atienden la pastoral circense poder llevar consigo el libro parroquial para inscribir los bautismos. También podrían realizar los expedientes canónicos para las parejas que quieren casarse. “Sería más sencillo para esta gente a la hora de poder pedir su partida de bautismo”, apunta el padre Aumente.

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