La última oleada de detenciones se ha cebado con comunidades religiosas muy pequeñas. Pero Xi Jinping quiere ponerlas a todas a sus órdenes.

El presidente chino, Xi Jinping, comenzó hace años un proceso para poner a todas las religiones al servicio del Partido Comunista. Unas ceden, otras no.
Abusos, detenciones, violencia. China no tolera la presencia cristiana. O te conviertes en megáfono del Partido Comunista o desapareces en la cárcel.
Leone Grotti ha analizado las últimas detenciones, sus raíces y su impacto en la Iglesia en un reciente artículo en Tempi:
No tendrás otro dios fuera de Xi
- En algunos casos, los agentes de policía cortaban los cables de la luz y entraban en las casas engañando a los propietarios, haciéndose pasar por empleados de la compañía eléctrica.
- En otros, se hacían pasar por funcionarios locales encargados de realizar "encuestas genéricas".
- En otros, no se anduvieron con sutilezas: decenas de policías rompieron las cerraduras y derribaron puertas, colándose en las viviendas.
En cada provincia china se utiliza un método diferente, pero la esencia no cambia: entre el 9 y el 11 de octubre, el régimen comunista lanzó una redada sin precedentes a nivel nacional, deteniendo al menos a 28 pastores protestantes y fieles cristianos en más de diez ciudades, incluidas Pekín y Shanghái.
Ezra Jin y la Iglesia de Sión
Todos los detenidos pertenecen a la Iglesia de Sión, una de las principales iglesias domésticas que se han negado a someterse al control del Partido Comunista, y su detención "constituye la represión más grave de una sola confesión cristiana desde la época de la Revolución Cultural", según la organización británica Christian Solidarity Worldwide.

Ezra Jin es el fundador de la Iglesia de Sión en China; Grace es su hija.
"La última vez que tuve noticias de mi padre fue el 9 de octubre: me envió un mensaje diciendo que habían detenido a un amigo suyo. Al día siguiente, mi madre me llamó muy asustada y me dijo que no conseguía ponerse en contacto con él". Grace Jin Drexel ya intuía lo que le había pasado a su padre y no tardó mucho en confirmar sus temores. "Treinta agentes de policía irrumpieron en su casa, le esposaron y lo encerraron en un centro de detención en Beihai, en Guangxi". Grace vive desde hace ocho años en Estados Unidos con su madre y sus dos hermanos, y su padre es el pastor Ezra Jin Mingri, fundador de la Iglesia de Sión en China.
Tras más de un mes de detención, el 18 de noviembre, el pastor protestante fue acusado formalmente, junto con otros 17 líderes religiosos, de haber hablado de Jesucristo en Internet. O, utilizando el lenguaje oficial de la ley china, "de haber utilizado redes de información de forma ilegal". El pastor Jin se enfrenta a tres años de prisión y su encarcelamiento no es solo otro caso más de violación de la libertad religiosa en China. "Mata al pollo para asustar al mono", reza un proverbio chino. La advertencia es válida para todos los fieles del Imperio Medio: obedeced en todo a Xi Jinping o pagaréis las consecuencias.
La historia del pastor Jin, cuenta Grace en una entrevista con Tempi, es a la vez diferente y similar a la de muchos otros chinos decepcionados por el ateísmo estatal defendido por Mao Zedong. El padre de Grace se convirtió al cristianismo en 1989, cuando la masacre de la plaza de Tiananmen le empujó a buscar un nuevo sentido a la vida. "Encontró el amor de Dios durante un funeral: por primera vez vio a gente alegre incluso ante la muerte, nunca había experimentado nada parecido y decidió convertirse al cristianismo".
Un problema de seguridad nacional
La fe de Jin en el Partido Comunista, puesta a prueba por los manifestantes aplastados bajo las orugas de los tanques, vaciló y encontró la fe en Dios. Pero el líder religioso no se interesaba por la política y, por tanto no tuvo problemas para convertirse en pastor de una iglesia perteneciente al Movimiento de las Tres Autonomías, la organización protestante "patriótica" gestionada por el régimen.
De hecho, la Constitución china consagra en su artículo 36 el derecho de los ciudadanos a la libertad de culto. Sin embargo, la ley solo reconoce cinco religiones (catolicismo, protestantismo, islam, taoísmo y budismo), controladas por organizaciones (la de los católicos se llama Asociación Patriótica) que dependen del Frente Unido, que responde directamente al Comité Central del Partido Comunista.
El pastor Jin sirvió durante diez años en la Iglesia protestante oficial, pero en 2007 la abandonó para fundar la Iglesia de Sión. "Mi padre nunca cuestionó al Gobierno", explica Grace, "pero quería servir a Dios, no al Partido. Y en un momento dado, ya no pudo soportar que fuera el Partido el que decidiera quién debía ser pastor, qué se debía decir en los sermones, quién podía ser bautizado. Cuando se dio cuenta de que las decisiones no se tomaban a la luz de la fe o por inspiración del Espíritu Santo, abandonó la Iglesia oficial".
El cambio que introdujo Xi Jinping
Durante muchos años, el régimen hizo la vista gorda ante una comunidad que, como tantas otras, contaba con poco más de un centenar de fieles. Pero con la llegada al poder de Xi Jinping en 2012, todo cambió. Xi, de hecho, considera que la gestión de las religiones es un problema de seguridad nacional y exige que todas "apliquen los valores socialistas fundamentales" y difundan el verbo del Partido.
La petición se tradujo en una serie de reglas que, a partir del 1 de febrero de 2018, limitaron de forma cada vez más asfixiante la libertad religiosa.
Ese año, el pastor Jin, junto con muchos otros líderes religiosos, protestó contra el Gobierno firmando un llamamiento público y, desde entonces, la Iglesia de Sión no ha encontrado la paz: la policía ha bloqueado a algunos fieles que intentaban entrar en la iglesia, ha cerrado varios lugares de culto, ha visitado a familias cristianas, en sus casas o en sus trabajos, amenazándolas con el despido o la pérdida de la pensión si seguían perteneciendo a la comunidad.
La gota que colmó el vaso fue la petición de las autoridades de instalar 24 cámaras de reconocimiento facial en las iglesias. Después de que el pastor Jin se negara a hacerlo, el 9 de septiembre de 2018 las autoridades chinas "prohibieron" la Iglesia de Sion y confiscaron sus propiedades y materiales religiosos.
A otras organizaciones no les fue mejor: algunas se vieron obligadas a entonar himnos patrióticos en la iglesia, otras tuvieron que ondear la bandera comunista desde el tejado de los templos o sustituir el crucifijo por un cuadro de Xi Jinping.
Un templo de la Iglesia del Candelabro de Oro, en cambio, fue simplemente arrasado con dinamita.
¿Qué se entiende por "sinización"?
Muchos cedieron ante la prepotencia del régimen. El pastor Jin no lo hizo, "y son precisamente su resiliencia y la voluntad de sufrir por Dios las que han puesto en aprietos al régimen", explica Grace. Jin pensó en trasladar la mayor parte de las funciones religiosas a Internet, una modalidad que ha tenido un enorme éxito, sobre todo durante la pandemia: "La Iglesia de Sión fue la primera en difundir los sermones y las funciones a través de Zoom. Así, de ser una pequeña comunidad de Pekín, se ha convertido en una realidad nacional con cientos de grupos en 40 ciudades, llegando a alcanzar hasta 10.000 personas".
Quizás demasiadas. De hecho, con el fin de bloquear la Iglesia de Sión, el Departamento de Asuntos Religiosos publicó en septiembre de 2025 nuevas normas para las religiones que prohíben al clero "predicar a través de directos, vídeos cortos, reuniones en línea, grupos o historias de WeChat". En resumen, Jesús debe desaparecer de Internet porque, tanto en línea como fuera de línea, solo debe quedar un verbo: el comunista.
"Esta es la esencia de la sinización lanzada por Xi Jinping", comenta Grace refiriéndose a la política que muchos en Italia traducen erróneamente como "inculturación": "En China, el clero es chino, las oraciones son chinas, los himnos también. Sinización no significa inculturación, sino 'comunistización'. Los pastores y las iglesias deben convertirse en megáfonos del Partido, y esto es inaceptable para quienes tienen fe".
Sesiones de adoctrinamiento
La nueva ola de represión no solo afectó al pastor Jin y a su iglesia, sino a toda la comunidad protestante e incluso a las comunidades católicas.
Uno de los primeros en ser detenido, el 7 de mayo de 2025, fue el pastor Gao Quanfu, amigo de Jin y fundador de la Iglesia de la Luz de Sión.

Gao Quanfu y su esposa Pang Yu, ambos detenidos por 'utilizar la superstición para quebrantar la ley'.
"Mi padre llevaba tiempo en la lista del Gobierno", cuenta a Tempi el hijo del pastor, Gao Pu: "Además de a él, también se llevaron a mi madre, para presionarlo aún más, y a una decena de fieles de la comunidad".
Al igual que Jin, Gao también ha sido acusado de difundir ilegalmente el cristianismo en Internet y ahora "está encerrado en una celda con otras 30 personas. Tiene que trabajar todo el día y, por la noche, le someten a sesiones de estudio y adoctrinamiento, le lavan el cerebro. La comida es escasa. La salud mental de mi padre sigue siendo buena, según me ha dicho el abogado, el único que puede verle, pero tiene 68 años, padece problemas cardíacos y no le permiten tomar sus medicamentos: estoy muy preocupado".
Según Gao Pu, detrás del arresto de su padre, el pastor Jin, o de la condena a nueve años de prisión en 2019 del reverendo Wang Yi, fundador de la Iglesia de la Primera Lluvia de la Alianza, "se esconde la paranoia del régimen: cualquiera que no se alinee con su ideología atea es perseguido".
Para el hijo del pastor encarcelado, la estrategia de Pekín es clara: "Si destruyeran abiertamente la Iglesia, el mundo protestaría. Por eso intentan convertirla en idéntica al Partido. Mi padre siempre ha amado a China, pero también enseña seguir a Cristo. Y esto es inaceptable para el Partido".
La pretensión del lobo comunista de guiar a las ovejas cristianas se vuelve cada vez más arrogante, incluso hacia los católicos.
El acuerdo secreto con la Santa Sede
De hecho, el régimen está forzando la mano para humillar al Vaticano, que en 2018 firmó con Pekín el Acuerdo provisional sobre el nombramiento de obispos, renovado tres veces y vigente hasta 2028.
Tras la muerte del Papa Francisco y antes de la elección del papa León XIV, China anunció la elección de Ignatius Wu Jianlin como obispo auxiliar de Shanghái y del padre Li Jianlin como obispo de Xinxiang. La ordenación del primero tuvo lugar el 15 de octubre y la Santa Sede, una vez más, tuvo que tragar para mantener la unidad, confirmando la decisión de Pekín. Pero no todos los fieles lo aprobaron.
"Si el cabeza de familia, la Santa Sede, no enseña a sus hijos lo que es correcto y lo que no lo es, si no defiende la verdad para perseguir una armonía sin principios y no promueve una fe auténtica y sana... ¿es realmente esta la comunión que Cristo quiso?", escribió un católico de Shanghái el 16 de octubre a AsiaNews.
El cordero llevado al matadero
El padre Li Jianlin fue ordenado el 5 de diciembre. Al mismo tiempo, el obispo legítimo de la diócesis, Zhang Weizhu, fue alejado en varias ocasiones por el régimen por no haber querido adherirse nunca a la Asociación Patriótica, se vio obligado a "renunciar" a su cargo.

José Zhang Weizhou, uno de los obispos católicos fieles perseguidos por el Partido y marginados en virtud del acuerdo con la Santa Sede.
Por si fuera poco, monseñor Zhang sigue privado de libertad, no puede ver a su familia y ni siquiera ha podido asistir a la ordenación de monseñor Li.
Li no es un prelado cualquiera, sino uno de los firmantes de la circular de 2018 con la que la Asociación Patriótica de Henan prohibió a todos los menores de 18 años entrar en la iglesia para asistir a misa.
El nuevo obispo escribía en la circular: "Está prohibido organizar actividades de cualquier tipo para la educación o la formación religiosa de los menores. Se invita a los fieles que acuden a misa a dejar a sus hijos al cuidado de otras personas para no llevarlos consigo a la iglesia". Se trata de una 'línea roja'.
Al igual que monseñor Zhang fue reducido al estatus de 'emérito', también monseñor Agustín Cui Tai, siempre fiel al Papa y no a la Asociación Patriótica, y por ello arrestado repetidamente por las autoridades, fue 'eliminado': su diócesis de Xuanhua, reconocida por el Vaticano pero no por Pekín, fue suprimida en septiembre para dar paso a la de Zhangjiakou, deseada por el Gobierno.

El obispo Abustín Cui Tai lleva a sus espaldas casi veinte años de reclusión por el régimen comunista.
El trato reservado a monseñor Zhang por parte de China y aceptado por la Santa Sede ha dejado profundas heridas en la comunidad, como ha declarado a AsiaNews un sacerdote: "Tras años de vigilancia, restricciones y aislamiento, sin quejarse nunca públicamente, finalmente se le ha obligado a presentar su renuncia. Y precisamente el día en que se ordena un nuevo obispo, él, el pastor de la diócesis, ni siquiera puede cruzar la puerta de la iglesia. Ha sido excluido de forma total, silenciosa, casi quirúrgica, como una sombra que se quiere borrar del tiempo. Pero ni la historia ni la memoria de la Iglesia lo olvidarán. Realmente parece 'el cordero llevado al matadero', silencioso, manso, obediente bajo la cruz. Si en todo esto hay una victoria mundana, la victoria del Reino pertenece, en cambio, al testimonio de monseñor Zhang".
Semillas de resurrección
Pero, ¿cuál es, en el fondo, la culpa de los obispos católicos Zhang y Cui o de los pastores protestantes Jin, Gao y Wang, unidos por lo que incluso León XIV llama "ecumenismo de sangre"?
Bob Fu, uno de los máximos conocedores del cristianismo chino, lo explicó muy bien a Dw: "Las autoridades persiguen a los cristianos porque consideran que todos aquellos que no se ajustan al Partido son amenazas políticas e ideológicas. Xi Jinping quiere ser como Dios: si no lo veneras, no lo adoras y no le obedeces de manera absoluta, él siempre te considerará una presencia intolerable en la sociedad".
Pero la última palabra no la tiene el Partido, como atestiguó el sacerdote ya citado a la agencia de prensa del PIME (Asia News): "Creemos que Dios actúa en los silencios de la historia, se manifiesta en los olvidados, planta semillas de resurrección precisamente en las zonas más oscuras. No sabemos lo que nos depara el futuro, pero sabemos una cosa: Dios no abandonará a su Iglesia en China".






