Por el desconocimiento que existe frente a prácticas esotéricas y
mágicas como el Reiki, estas han penetrado en Hospitales Públicos y en la
medicina privada, como si se tratara de terapias complementarias, desconociendo
su origen y contenidos. En muchos casos se presenta como algo que lo cura todo,
descuidando los tratamientos médicos que se le indican al paciente. Es claro
que no tiene validación científica, al igual que muchas otras terapias
importadas de Oriente, y mucho menos lo tienen las pseudoterapias promovidas
por la Nueva Era. Así comienza el artículo que ha publicado el portal Aleteia,
escrito por Miguel Pastorino, miembro de la Red Iberoamericana de
Estudio de las Sectas (RIES).
El Reiki contradice todos los adelantos científicos en materia
médica. Cree encontrar las causas de todo lo malo en desequilibrios
energéticos, espirituales y psicosomáticos. En este sentido hay mucho de
dogmatismo, falta de seriedad, de discernimiento y honestidad en este tipo de
afirmaciones. Las llamadas “terapias complementarias”, entre las que hoy se
incluye el Reiki gozan de buena propaganda, pero no todas son igualmente serias
y además no siempre son tan “efectivas” como prometen.
Es verdad que la medicina tradicional no se ha abierto demasiado a
nuevos paradigmas en su campo, pero también es verdad que hoy cualquiera se
proclama “terapeuta” y no se sabe ni de qué disciplina, ni dónde se graduó, ni
si es veraz lo que dice. Con todos los avances científicos y la presencia de
nuevas formas de religiosidad desinstitucionalizada, se vuelve difícil la
delimitación conceptual, y así, la frontera entre la ciencia, lo mágico, lo
paranormal y lo religioso parece diluirse en un magma gnóstico-esotérico.
Muchos se confunden por la gran desinformación que hay al respecto de todo este
tema.
La relación entre New Age y Reiki
La moda sociocultural de Nueva Era es el principal distribuidor de
Reiki en Uruguay, y la mayoría de sus centros de curación son verdaderos
centros de espiritualidad oriental, sincréticos, donde sus practicantes terminan
creyendo en la reencarnación, y que forman parte del gran ser universal,
impersonal y energético. Al igual que muchas de las disciplinas promovidas por
la New Age, el Reiki va acompañado de una serie de manuales, y materiales
teóricos que van adoctrinando en su visión esotérica de la realidad.
Por su propia modalidad se presenta como “no religioso”, cuando
todos los temas que toca y sobre los que pretende traer una novedad son
medularmente religiosos. Las personas que lo practican tienen muy buenas intenciones:
mejorar su vida y la de los demás, ser canales del “amor” (cósmico y divino),
ser instrumentos de “sanación”. Y muchos otorgan sus sesiones gratuitamente
porque la bondad no se cobra, lo cual es un signo de la renovación ética y
espiritual que se produce en muchos de estos ambientes. Eso es algo muy
positivo.
Pero por otra parte, como todo lo vinculado a la New Age, se está
convirtiendo en nuevo negocio religioso para muchos. Nos estamos plagando de
maestros Reiki que cobran hasta dos mil dólares un nivel superior, cursos
carísimos que gozan de buena reputación en centros de Fitness. Si uno mira las
propagandas de varios centros en Montevideo, tienen testimonios de lo que el
Reiki ha hecho en su vida, su búsqueda espiritual y el Reiki aparece como la respuesta,
hasta venden amuletos con signos que atraen energía.
Muchos son los que detrás de la fachada de una simple terapia han
encontrado un maestro espiritual que los escucha, una comunidad que los acoge,
un ambiente de paz y armonía, una nueva religión que por no ser institucional
dicen que no es religión. En todo caso habría que decir que no es una Iglesia,
o una secta, pero alcanza con leer los manuales para ver que una cosmovisión
como ésta es una propuesta religiosa con doctrina, culto y espiritualidad.
Es así como podemos ver en un practicante de Reiki los rasgos
psicológicos de un “recién convertido”: el fanatismo, el deslumbramiento y la
paranoia persecutoria hacia quienes quieren cuestionar “algunos aspectos” de su
nuevo descubrimiento. Cuando uno los escucha hablar no hablan de cuestiones
terapéuticas sino espirituales. No hemos de condenar las buenas intenciones de
tanta gente que quiere mejorar su calidad de vida, pero si aclarar el mar de
confusión que prolifera con estos temas.
Además con los grandes problemas en los que estamos sumergidos, en
el angustiante y alienante anonimato en que vivimos, muchos pagan a cualquier
precio sentirse importantes, sentirse especiales, siendo un maestro energético
o un sanador… Ahora todos quieren ser un gurú.
Un mar de contradicciones
La mayoría de los reikistas dicen no querer remplazar la medicina
tradicional, pero afirman sanarlo todo y se consideran la mejor alternativa
para curar. Dicen no carecer de fundamento científico, pero dicen administrar
una energía sobrenatural para el beneficio de la salud y apelan a toda clase de
elementos esotéricos y “espirituales”. Dicen no ser religión, pero predican una
doctrina religiosa y fomentan el pensamiento mágico. En síntesis, el Reiki es
una práctica mágica y supersticiosa.
¿Qué tiene que ver con las sectas?
En el estudio de Carmen Almendros y Carmen Rodríguez,
de la Universidad Autónoma de Madrid del 2004, se revelaba que muchas de las
sectas actuales y gurúes de dudosa reputación, manipuladores de toda clase, a
través del Reiki estafaban en España a la gente que, sedienta de espiritualidad
o necesitada de mejorar su salud, acuden a ellos con una esperanza mesiánica.
Las consecuencias psicológicas se mostraban devastadoras sobre personas a
quienes se les fomentaba la sugestión y el pensamiento mágico, cuando no una
relación de dependencia con el “terapeuta”.
Los obispos de Estados Unidos
Los obispos norteamericanos son la única conferencia episcopal que
ha elaborado un documento específico sobre el Reiki. El documento del 2009
concluye con las siguientes indicaciones:
“La terapia reiki no encuentra apoyo ni en los hallazgos de la ciencia
natural ni en la doctrina cristiana. Para un católico, creer en la terapia
Reiki plantea problemas irresolubles. En términos del cuidado de la salud
física propia o la de los demás emplear una técnica que no tiene apoyo
científico (ni siquiera plausibilidad) por lo general no es prudente.
En términos del cuidado de la salud espiritual personal, existen
importantes peligros. Para usar el Reiki, uno tendría que aceptar, al menos de
forma implícita, conceptos claves de la cosmovisión que subyacen a la teoría
reiki, elementos que no pertenecen ni a la fe cristiana ni a la ciencia
natural. Sin justificación ni en la fe cristiana ni en la ciencia natural, no
obstante, un católico que pone su confianza en el reiki estaría actuando en la
esfera de la superstición, tierra de nadie que no es la fe ni la ciencia (9).
La superstición corrompe la adoración personal de Dios, ya que
conduce el sentimiento religioso personal y la práctica hacia una dirección
equivocada (10). Dado que a veces la gente cae en la superstición por
ignorancia, es responsabilidad de todos los que enseñan en el nombre de la
Iglesia eliminar tal ignorancia en la medida de lo posible.
Dado que la terapia Reiki no es compatible ni con la doctrina
cristiana ni con la evidencia científica, no sería apropiado para las
instituciones católicas —como aquellas encargadas del cuidado de salud o los
centros de retiro— o para las personas que representan a la Iglesia —como los
capellanes católicos— promover o prestar apoyo a la terapia Reiki”.
in Aleteia
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