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quinta-feira, 30 de agosto de 2018

La parroquia más remota del mundo tiene solo una Misa al año y a su fundadora camino a los altares



La parroquia de Tristán da Cunha en Sudáfrica
La Parroquia de San José en la isla de Tristán da Cunha, en Sudáfrica, es considerada la parroquia más remota de la Tierra. Para poder visitarla una vez al año -explica la agencia Gaudium Press-, un sacerdote debe hacer un viaje de dos semanas por barco. Contra lo que podría esperarse en esas condiciones, la fe de los católicos locales se mantiene firme y es alimentada por el recuerdo de una heroica seglar, según relató el Administrador Apostólico de Falkland Islands, Abad Hugh Allan O.Praem.
Tristán da Cunha no sería una isla habitada si no fuera por el exilio de Napoleón en la isla de Santa Helena. Como medida de precaución, los británicos instalaron un puesto militar en la isla para evitar un intento de liberación de quien fuera el emperador francés pero pronto se dieron cuenta de que el lugar era tan remoto que era improbable un rescate desde esa ubicación. Algunos de los militares pidieron quedarse en la isla y dieron inicio a una pequeña comunidad que no contaba con presencia católica.
La fe católica llegaría con una mujer, Agnes Rogers, recordada como la “Abuelita Aggie”, quien llegó a servir como empleada doméstica para el administrador de la isla. Lo que la buena mujer no esperaba era encontrar que no había sacerdote en el lugar ni tampoco un templo católico. Al ser la única creyente católica, fue presionada por los habitantes e incluso discriminada a causa de su fe pero su firmeza y su convencimiento superó las pruebas y pudo finalmente establecer una pequeña capilla en su casa, lo cual dio origen a la parroquia de San José.
En 1932 obtuvo la gracia de la primera visita de un sacerdote católico a la isla, el P. LH Barry, quien fue el primer sacerdote que la Abuelita Aggie vio en 23 años. “Ella oyó misa y acudió a los sacramentos y su alegría era enorme y conmovedora de ver”, reportó el sacerdote. Sólo hasta 1955 se produciría una nueva visita sacerdotal. El presbítero quedó maravillado por encontrar una fe viva entre los habitantes: “En Tristán da Cunha, la isla más solitaria del mundo, escuché la primera confesión de niños demasiado jóvenes para recordar cómo se vería un sacerdote. Ellos estaban mejor preparados que muchos de los niños que viven a la vista de las iglesias citadinas”.
Nuevamente la figura de la Abuelita Aggie se destacó, por su interés de tener bien preparados a los niños para la ocasión. “Agnes ha vivido la mayoría de su vida más allá del alcance de un sacerdote o de los sacramentos. Sin embargo, domingo tras domingo ella trata con humildad de enseñar en su gente algo de su propia y sencilla grandeza”, comentó el sacerdote visitante.
En la actualidad la parroquia católica es mantenida activa por 3 catequistas, todos descendientes de la Abuelita Aggie, y un sacerdote visita el templo una vez al año, usualmente en septiembre. “Tristán da Cunha tiene una población de 263 personas, de las cuales más de un tercio son católicos. Esto podría parecer un pequeño número para viajar tan grandes distancias para ir a visitarlos, pero la amabilidad y la profunda fe de los isleños hace que el largo viaje valga muy bien la pena”, comentó a The Catholic Herald el Administrador Apostólico.
“El lema de la Isla es 'Nuestra fe es nuestra fuerza'. Un ejemplo brillante de esta fuerte fe es la construcción de su nuevo templo en los años 90”, relató el Abad. “Era un tiempo cuando la prolongada ausencia sacerdote y otras presiones habían llevado a una caída a la asistencia al templo. Los fieles que quedaban decidieron orar una novena juntos pidiendo al Señor devolver a sus familias y amigos a la Iglesia. Habiendo hecho esto, ellos cayeron en cuenta de que cuando Dios hubiera respondido sus oraciones necesitarían un templo más grande, así que comenzaron a construir uno mayor. Precisamente los números se incrementaron y el nuevo templo fue llenado”.
El Administrador Apostólico anunció que se encuentra en preparativos para abrir un proceso de canonización de la Abuelita Aggie, quien los pobladores locales ya consideran como una Santa.

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