sábado, 11 de agosto de 2018

Catalina Navarrete, la joven de singular vida espiritual que murió junto a la hermana Clare Crockett



Catalina Navarrete tenía 23 años cuando murió.
Quería ser Sierva del Hogar de la Madre.
El terremoto que sacudió Ecuador el 16 de abril de 2016 dejó casi 300 víctimas mortales en todo el país, y entre ellas seis mujeres que se encontraban en la casa de las Siervas del Hogar de la Madre en Playa Pietra: cinco chicas y la hermana Clare Crockett, de 33 años.
Enseguida la historia de esta religiosa irlandesa, que se convirtió durante un viaje a España al que acudió para divertirse y resultó ser una peregrinación, empezó a circular por todo el mundo. Muchos descubrieron en ella un ejemplo y modelo de entrega a Dios, se contagiaron de su espíritu de fe y de alegría-hasta entonces solo conocidos en el círculo de la congregación- y empezaron a pedir y obtener favores por su intercesión. 
Al cumplirse dos años de su muerte, se estrenó O todo o nada, un documental sobre ellaque produce impulsos de conversión semejantes.

Pero las historias vinculadas a aquel trágico acontecimiento no se agotan en la hermana Clare. También destaca la de una de las jóvenes ecuatorianas fallecidas, Catalina Navarrete (1992-2016): "No era Sierva todavía, pero deseaba serlo. Después de una vida borrascosa lejos de la gracia de Dios, su proceso de conversión comenzó en la Navidad de 2013, tres años antes de su muerte", recuerda la hermana Beatriz Liaño, SHM, directora de la oficina de prensa de la congregación, quien la define como "universitaria, deportista y simpatiquísima". Había cursado estudios de Administración de Empresas y jugado en un equipo de fútbol.
Acaba de publicarse un libro sobre su vida: Biografía de Catalina Navarrete. Y yo, ¿puedo ir al Cielo?, escrito por la hermana Sara María Jiménez Murcia.
La obra destaca algunas características comunes entre Catalina y la hermana Clare: "Alguien dijo que pronunciar el nombre de Catalina era empezar a reírse. Su sentido del humor, su carácter extrovertido y su capacidad de alegrar la vida a los que tenía alrededor eran rasgos muy propios de la personalidad de Catalina", explica la hermana Beatriz Liaño.
Pero en su pasado había experiencias dolorosas que marcaron su infancia y la hicieron madurar tempranamente y, al llegar la adolescencia, contribuyeron, junto con sus propias decisiones, a vivir "en un estado de ambigüedad, confusión y desorden moral". El libro recoge cómo, "de los escombros", Dios hizo surgir "un santuario de vida espiritual",
Karolina Vera, una amiga suya, asegura que para Catalina lo más importante en el día eran el rosario, la misa y la oración: "La recuerdo siempre con el rosario en la mano. No le daba vergüenza ir por la calle mostrando su rosario. Eso me impresionaba de ella. Siempre me animaba a rezar el rosario con ella... Yo la vi enamorarse de Dios".
Catalina se descubrió amada por Dios con un amor que le pedía una entrega total. Pero el recuerdo de su pasado, de los pecados cometidos, la confundía y atormentaba. A través de la confianza en Dios, Catalina vivió una profunda experiencia de la Misericordia de Dios.
Según otra amiga, Gema Menéndez, "desde que conoció a Dios, [Catalina] no paró de querer conocerle más y más, hasta el punto de cambiar totalmente de vida y querer entregarse por entero al Señor. Catalina fue una chica que se enamoró completamente de Jesús, se arrojó en sus brazos, y Él la purificó a través de la confesión y la Eucaristía. Amó mucho a Jesús en la Eucaristía, y su trato con la Virgen fue de madre a hija”.

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