sexta-feira, 15 de junho de 2018

El capitán de Polonia vio de niño a su padre matar a su madre: lo superó en la Iglesia y con oración

Jakub Blaszczykowski, un devoto católico, juega el Mundial de fútbol


Jakub BÅ‚aszczykowski es capitán de Polonia y un ejemplo de fe y superación


Este jueves ha comenzado el Mundial de Rusia, el evento deportivo del año. 32 selecciones competirán para que su país consiga el trofeo más codiciado del mundo. También la fe juega un papel en este campeonato, pese a que la FIFA no quiere que los equipos hagan demostraciones públicas de ello. Algo que, sin duda, será bastante complicado.
Equipos como Arabia Saudí o Irán, musulmanes, o Brasil, acostumbrados a rezar públicamente en una mezcla entre católicos y evangélicos, serán probablemente los que más llamen la atención en este aspecto. Pero otros combinados también tienen en sus creencias un aspecto importante, aunque lo manifiesten de forma más discreta.
La selección polaca, una guardiana de la fe
Es el caso de Polonia, que llega al Mundial, con aspiraciones de llegar al menos a cuartos de final. Y llegan a Rusia, el país con el que más rivalidad comparte, encabezados por dos católicos convencidos y consecuentes. Son sus dos capitanes: Jakub Blaszczykowski y Robert Lewandowski. Aunque el segundo, delantero del Bayern Múnich es más conocido internacionalmente, el primero es un héroe en su país.
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Jakub, actual jugador del Wolfsburgo alemán, ha sido el capitán durante años y es el jugador polaco en activo con más internacionalidades. Pero además es todo un ejemplo de superación, de cómo se puede salir de la más oscura de las situaciones, y cómo la fe puede ser esa luz necesaria.
La tragedia que marcó su vida
El centrocampista polaco sorprendió a todos al hacer pública la trágica historia de su infancia. Muchos habrían sucumbido a ese trauma, pero él se refugió en Dios y la oración, así como en el fútbol para salir de ahí.
Cuando era niño presenció como su padre mataba a su madre a puñaladas tras una riña familiar. Es más, cuando el pequeño Jakub acudió a auxiliar a su madre, ésta murió en sus brazos. Tenía sólo 11 años.
Este futbolista nacido junto a Częstochowa, el lugar mariano más importante para los polacos y de cuya Virgen era un gran devoto San Juan Pablo II, se vio marcado profundamente por este suceso del que fue testigo junto a su hermano.
La fortaleza y el perdón
“Esta experiencia ha sacudido, cambiado y dado forma completamente a mi vida. Es un punto importante en mi biografía. Pero también veo algo que me fortaleció. Estoy convencido de que incluso los momentos más difíciles pueden fortalecer a una persona. Cuando encontré problemas en mi vida, no me golpearon de la misma forma como podría haber sido a otras personas. No importa lo que haya sucedido y todavía sucederá, he experimentado algo peor”, contaba cuando hizo pública su historia.
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Este hecho era desconocido para casi todo el mundo hasta 2012, poco antes del inicio de la Eurocopa que se celebraría precisamente en Polonia. Jakub se ausentó por motivos personales de la concentración y a la vuelta explicó los motivos.
Tras el asesinato de su madre, no volvió a ver nunca más a su padre. Fue condenado y años después salió libre, pero no lo había vuelto a ver. Entonces se enteró de que había muerto. Pese al dolor que le había causado, quiso despedirse de él, dejó la selección y se fue al velatorio. Quería perdonarle.
“Lo que me ocurrió de niño dio un giro de 180 grados a mi vida. Nunca entenderé lo que pasó ni la razón por lo cual pasó, pero ese recuerdo me va a acompañar el resto de mis días. Daría todo lo que fuera a cambio de que mi madre estuviera viva”, confesaba.
Su abuela le transmitió la fe
Huérfanos de repente, y en un estado de shock del que les costó mucho tiempo salir, tanto Jakub como su hermano Dawid, fueron acogidos y educados por su abuela, una persona clave en su vida.
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Felicja Brzeczeck era una profunda devota católica y les transmitió la fe sabiendo que podría ser de gran ayuda para ellos. No se equivocó. Rezaba con sus nietos, iban a misa juntos y les inculcó la costumbre de leer diariamente la Biblia, algo que a día de hoy sigue haciendo el futbolista internacional polaco.
Asiduo colaborador de la Iglesia
“Sin ella pude haber tomado un camino equivocado en mi vida. Trato de hacer que se sienta orgullosa porque hizo grandes cosas por mi hermano y por mí”, ha afirmado Jakub Blaszczykowski en varias ocasiones.
Su abuela le enseñó ser agradecido y a dar gracias a Dios pese a la historia que tenía. Ahora es una institución en su país, siendo una personalidad muy involucrada en las obras de la Iglesia y que públicamente ha defendido el catolicismo, siendo rostro de la campaña “Yo no me avergüenzo de Jesús”.
De hecho, su catolicismo ha sido citado durante los días previos al mundial debido a esta especie de cruzada antirreligiosa. Reza antes de cada partido y cuando mete gol siempre se arrodilla y señala al cielo. Cada tanto se lo dedica a su madre, de la que dice que está ya en el cielo junto al Señor.
Actualmente, casado y padre de una hija, Jakub colabora asiduamente con Cáritas Polonia. De hecho, organiza partidos entre sacerdotes y deportistas de élite para lograr fondos para ayudar a las personas más necesitadas. Cada año además dona camisetas firmadas y otros objetos a organizaciones católicas, que a su vez las subastan.
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Compañero también de fe de Lewandowski
El capitán polaco ha participado igualmente en iniciativas de evangelización como en el Día Nacional de Lectura de las Sagradas Escrituras y de escucha de la Palabra de Dios, que consiste en presentar una reflexión de un fragmento de la Biblia, concretamente del Nuevo Testamento.
Al igual que Jakub, la gran estrella de Polonia, el delantero Robert Lewandowskli, también habla orgulloso de su fe católica. En una entrevista, el atacante aseguraba que “en el mundo actual todo va muy rápido, a veces nos olvidamos de nuestros valores y de lo que es realmente importante. La fe no sólo me ayuda en el terreno de juego, también fuera de él para intentar ser una buena persona y cometer el menor número de errores”.
Soy católico y no me avergüenzo de Jesús ni de la fe en Él. Sé que Dios está siempre mirándome", sentenciaba.

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