quinta-feira, 10 de novembro de 2016

Haití no pide alimentos, pide semillas para poder plantar

Caritas Internationalis hace un llamamiento para no olvidarse de este país tan golpeado


Haití después del huracán (Foto agencia de noticias ANS)
Haití después del huracán (Foto agencia de noticias ANS)
(ZENIT – Roma).- Haití es un pueblo que se adapta a situaciones muy difíciles. Está acostumbrado. Y ahora no piden alimentación, piden semillas. Es su visión y su forma de ver “tenemos que empezar de nuevo”. Esta es su fuerza, su capacidad de renacer. Pero también hay cierta resignación porque están acostumbrados a esta vida difícil. No están gritando y protestando. Es un pueblo que vive con dignidad, sabiendo que son hijos de esclavos, pero hace más de 200 años que tienen la independencia y se sienten orgullosos de ellos.

Así lo explica a ZENIT Michel Roy, director de Caritas Internationalis, a su regreso de Haití. Hasta allí viajo después de la catástrofe sufrida el pasado mes de octubre por e paso del huracán Mathews, que dejó más de 500 fallecidos.

Es muy importante ayudar a Haití y los haitianos para que no se sientan olvidados porque es lo que ellos piensan, indica Roy. “Especialmente para restaurar su capacidad de producción alimenticia, necesitan semillas y instrumentos porque todo ha desaparecido, ahora es como un desierto”, precisa. Caritas Haití ha preparado un plan de tres meses de reconstrucción y son 5’5 millones de euros, que es necesario conseguir.

Asimismo, el director de Caritas International precisa que se trata de una catástrofe mayor, los vientos fueron muy fuertes. Los primeros días salió en televisión y luego se olvida todo. Ese es el problema. Michel Roy visitó la zona afectada por el huracán tres semanas después y se encontró una completa desolación. Los árboles que han quedado en pie han perdido todas las hojas. Todo ha sido destruido. Además por las fuertes lluvias ahora hay mucha agua, torrentes que han provocado la desaparición de las plantaciones. Las montañas verdes ahora son como una roca desnuda.

La mayoría de las casas –que debido a que la población es muy pobre son construcciones muy débiles– han desaparecido. Incluso algunas casas construidas con cemento. “Hemos escuchado historias muy trágicas”, asegura Roy.

Por otro lado, precisa que las necesidades inmediatas fueron los alimentos, agua potable y medicamentos. Los primeros kit fueron de alimentos e higiene. Pero, las personas con las que se han encontrado les han dicho que lo más importante para ellos es “cubrir las casas” porque ahora no tienen techo y llueve cada día. Y lo segundo que piden son “semillas” porque necesitan sembrar de nuevo los campos para poder tener algo que comer producido por ellos.

Una prioridad para Caritas ha sido también la gente que vive más aislada, en los pueblos de la montaña, donde hay que ir a pie o a caballo. Ayudar a esta gente porque las grandes ONG’s o las Naciones Unidas hacen su labor en las zonas más céntricas, donde el acceso es más fácil.

Finalmente, Roy explica que al principio el Gobierno no lo calificó como catástrofe mayor y no pidió ayuda de fuera. Ahora ya sí está pidiendo, pero después de varias semanas. Al respecto, asegura que hay una coordinación que funciona a nivel nacional, provincial y local. Pero no hay dinero. Es un sistema político particular porque son los propios diputados y senadores los que van al Ministerio de Interior para pedir dinero para ir ayudar a su gente.

Las Agencias Humanitarias están presentes y hay alimentos, y existen coordinación. Pero el límite es la falta de dinero para asegurar que todos puedan recibir algo.

“La opinión pública no se está moviendo porque ya no hay imágenes, no hay información sobre lo que está pasando. Y así, los Gobiernos no se sienten en la obligación de ayudar”, lamenta el director de Cáritas Internationalis.

Cuando hay una catástrofe –concluye– mayor al principio hay muchos reportajes en la televisión las donaciones llegan, luego, poco a poco desaparece. Y en esta ocasión, la Confederación de Cáritas no ha recibido mucho dinero. Por eso, asegura, “es muy necesario que las Naciones Unidas se mueva”.

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