sexta-feira, 4 de novembro de 2016

Este sábado beatifican en Albania a 38 mártires de la feroz persecución comunista de Enver Hoxha

ReL  4 noviembre 2016

Fotografías en las calles de Tirana de los mártires católicos
Albania sufrió como pocos las garras del comunismo en la que la Iglesia fue duramente perseguida. Es por ello que este sábado se beatificará a algunos de estos mártires, entre ellos varios jesuitas. Concretamente, los discípulos de San Ignacio están logrando unir a musulmanes y cristianos a través de sus obras. En Vatican Insider explican la influencia de los futuros beatos y los frutos que su sangre en Albania, país de mayoría musulmana:

Este sábado 5 de noviembre, en Scutari (pequeña ciudad del norte de Albania) serán beatificados 38 mártires del régimen comunista de Enver Hoxha. Entre ellos hay tres jesuitas: los padres Giovanni Fausti y Daniel Dajani, que fueron fusilados el 4 de marzo de 1946 detrás del cementerio de Scutari mientras gritaban “¡Viva Cristo Rey!”, y el hermano Gjon Pantalia quien, después de un intento de fuga de la cárcel en la que fue brutalmente torturado, se rompió las piernas y falleció debido a sus heridas sin asistencia médica el 31 de octubre de 1947.

Giovanni Fausti estudió el islam y se dedicó mucho al diálogo cristiano-islámico; escribió una serie de artículos sobre el tema para La Civiltà Cattolica a principios de los años treinta del siglo pasado. En compañía de otros dos jesuitas trabajó con dedicación y generosidad en la escuela superior anexa al seminario de Scutari, fundado por la Compañía de Jesús en 1878. Después del largo invierno del régimen comunista, en 1998, esa escuela, dedicada al padre Atë Pjetër Meshkalla, volvió a abrir gracias a los jesuitas.

La cotidianidad de esta escuela narra el papel estratégico que la institución escolástica tiene en la construcción del vínculo social y una verdad a menudo desconocida en la cultura occidental: cada ser humano nace en deuda con los demás y está destinado a vivir a favor de los demás.

Las maestras musulmanas
Considerada un polo de excelencia, la escuela superior de los jesuitas tiene en la actualidad 500 alumnos de entre 15 y 18 años. Entre ellos hay católicos, ortodoxos, evangélicos y musulmanes (el 20%). los maestros son 48, y algunos de ellos son musulmanes. Alda Laska, de 30 años, es una profesora de biología que está casada con un cristiano, con quien tiene un hijo; Dorela Smajli, de 28 años, es profesora de matemáticas, está casada y tiene un hijo. Amas son musulmanas. Tienen muchos amigos cristianos y mucho aprecio por los jesuitas, por “el espíritu que los anima, por su mentalidad, que se ha convertido en un ejemplo”, afirma Alda; “por el compromiso profuso en la transmisión del saber (incluso científico) y en el cuidado de la vida espiritual de los estudiantes”, observa Dorela, que fue una estudiante de la escuela superior Meshkalla.

En la escuela jesuita conviven católicos, ortodoxos y musulmanes
“De esta escuela —dicen— apreciemos el método de la enseñanza y las buenas reglas transmitidas, que ayudan a los alumnos a convertirse en hombres y mujeres responsables. Compartimos el objetivo de los padres jesuitas: educar a los chicos a desarrollar sus mejores capacidades para ponerlas a disposición de los demás y para hacer que progrese la sociedad”.

La pedagogía ignaciana
El director de la escuela superior es el jesuita Ronny Alessio, de 42 años, que cuenta: "Nuestra acción se funda en la pedagogía ignaciana que se propone la formación integral de la persona, o sea la formación de jóvenes no solo intelectualmente sólidos, sino también afectivamente equilibrados, capaces de discernir, de asumir responsabilidades y poner al servicio de la comunidad sus mejores talentos. Con este objetivo, hemos promovido una serie de iniciativas: por ejemplo, cada año los chicos son involucrados en actividades sociales y cuidan a personas en estado de necesidad (ancianos, huérfanos, pobres, niños abandonados, gitanos)". Además, participan en grupos en un proyecto plurianual promovido por la embajada estadounidense, que involucra también a escuelas musulmanas y que prevé el estudio de un problema específico (por ejemplo el acoso escolar) para identificar pasos que ayuden a la sociedad albanesa a superarlo".

Un cuidado particular los jesuitas lo reservan a la formación del cuerpo docente: dos veces al año un equipo de italianos y albaneses ofrece cursos de pedagogía ignaciana a todos los profesores.

La enseñanza de la religión
Entre los estudiantes cristianos y musulmanes la convivencia es óptima, dice el padre Ronny. “Los chicos -añade- manifiestan sincera curiosidad hacia la fe de sus compañeros: a veces sucede que chicos musulmanes participan en la misa y hacen muchas preguntas a sus amigos católicos, los cuales, a su vez, sienten curiosidad frente a la tradición islámica y piden información, quieren saber más. Todos tienen la tensión ideal, la apertura y el entusiasmo típicos de los adolescentes: nosotros los adultos tratamos de ayudarles a dar contenido, palabras y sentido a su pertenencia religiosa y a su deseo de comprender también la fe de los demás. Inspirándonos en la pedagogía ignaciana, hemos establecido que la enseñanza de la religión se articule en dos materias: Cultura religiosa y Ética: los docentes proceden examinando las características de cada una de las religiones e identificando los elementos con base en los cuales es posible construir un diálogo fecundo y una buena convivencia”.

El invierno del régimen
El régimen comunista, con su forzada exclusión de Dios de la vida personal y comunitaria, dejó un signo en la cultura albanesa; sin embargo no logró arrancar la fe del corazón de la población. "Hoy las personas son libres de elegir y de creer en su Dios; la mayor parte de los albaneses tiene fe o está sinceramente buscando”, dicen Alda y Dorela: "Las relaciones entre cristianos y musulmanes en Scutari y en el país son verdaderamente buenas, marcadas por el respeto y el espíritu de colaboración. Estamos convencidas de que la institución escolar tiene un papel fundamental en la construcción de esta pacífica convivencia”.

El Papa Francisco, durante su visita a Albania en 2014 / Daniel Ibañez
Al respecto, el padre Ronny observó: “Aquí, en Albania, el clima sereno que caracteriza las relaciones entre hombres y mujeres de fe diversa no es ni falso ni formal: nace del encuentro de las diversidades, que no son negadas sino reconocidas como tales. Estoy convencido de que las personas auténticamente religiosas (de religiones diferentes) que viven juntas pacíficamente pueden testimoniar al mundo que la verdadera paz se construye justamente sobre las diversidades, que no implican necesariamente prevaricación y violencia, sino que son punto de partida para buscar juntos, mediante el diálogo y la escucha, vías nuevas capaces de hacer que el progreso de las comunidades sea justo”.

La visita de Papa Francisco
El viaje de Papa Francisco a Tirana, el 21 de septiembre de 2014, tocó el corazón no solo de los católicos, sino de toda la población albanesa, cuenta el padre Ronny. “Fue una visita relámpago, pero que mostró el gran y nada extemporáneo cuidado del Santo Padre por esta tierra. Son muestra de esta preocupación la canonización de la madre Teresa, que vio la participación del estado albanés, el nombramiento como cardenal de don Ernest Simoni y la beatificación, el próximo 5 de noviembre, de los 38 mártires del régimen comunista, una beatificación que todo el pueblo esperaba desde hace muchos años. Papa Francisco está ayudando a este país a reconocer el papel clave que puede tener y que debe desempeñar no solo en la zona de los Balcanes, sino en Europa. Alegrándose por la pacífica convivencia entre fieles de diferentes religiones y considerando tal convivencia ‘un bien inestimable’, el papa sostiene el diálogo interreligioso y el camino de esta nación”.

Fuente de inspiración
Al respecto, observan Alda y Dorela: “Francisco ha valorizado a este país, su visita fue muy apreciada por todo el pueblo. Los 38 mártires que serán beatificados dentro de poco constituyen una fuente de inspiración para nosotras. Si hoy podemos seguir creyendo en esta tierra y comprometernos dando lo mejor de nosotros mismos, se lo debemos también a estos hombres y a su testimonio hecho de sacrificio, misericordia y valentía”.


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