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sexta-feira, 4 de novembro de 2016

El Papa en el día de los difuntos: ‘La tristeza se une a la esperanza de la Resurrección’

El Pontífice celebra en el cementerio más grande de Europa, ubicado en las afueras de Roma


El papa en el cementerio romano de Prima Porta
El papa en el cementerio romano de Prima Porta

(ZENIT – Roma).- El papa Francisco visitó este miércoles por la tarde el cementerio de Prima Porta o Cementerio Flaminio, situado en las afueras de la ciudad de Roma. Es el más grande de Europa, con 140 hectáreas de parque y 36 kilómetros de calles internas.

Poco antes, un mensaje en su cuenta twitter en Papa escribió: “Nos detenemos con fe ante ante las tumbas de nuestros seres queridos, rezando también por los difuntos que nadie recuerda”. De  hecho cuando en el cementerio caminaba hacia el altar para celebrar la eucaristía, el Santo Padre puso un ramo de rosas color amarillo delante de una tumba sin flores ni iluminación que encontró en su camino, como símbolo de todas las sepulturas.

El Santo Padre vistiendo paramentos color violeta celebró la santa misa en el altar situado en una estructura puesta delante de la plaza del osario, donde el público asistió ubicado al lado de una zona verde con las tumbas sobre el prado. Concelebraron entre otros, el cardenal vicario de Roma, Agostino Vallini y un coro acompañó la ceremonia cantando en italiano.

Después de la lectura del Evangelio, el Papa dirigió unas palabras simples que indicaron el significado de esta conmemoración. El Pontífice en su homilía recordó la lectura apenas realizada, y como en ese momento de angustia y de dolor Job proclama la esperanza: ‘Mis ojos lo contemplarán’, como recuerda la oración de los difuntos.

Y si bien reconoció que “un cementerio es triste”, porque “nos recuerda a los nuestros que se fueron”, y porque también “nos recuerda el futuro y la muerte”, señaló que en este momento triste, “las personas traemos flores como símbolo de esperanza” sabiendo que este momento “más adelante se convertirá en un día de fiesta”. O sea que “la tristeza se mezcla con la esperanza”.

Recordó también que se hace “memoria de los nuestros delante de sus restos mortales” y que “la esperanza nos ayuda para hacer este camino que “todos deberemos recorrer, todos, antes o después”.

Pero que en ese camino hay esperanza, porque existe “un ancla que no desilusiona: la esperanza de la Resurrección”. Porque “Jesús fue el primero que hizo este camino y Él mismo nos abrió la puerta de la esperanza, con su cruz, para entrar donde contemplaremos a Dios”.

Y como dice la oración: “Yo lo veré, yo mismo, mis ojos lo contemplarán”. Invitó así a los presentes a volver a sus casas “con la memoria del pasado”, de quienes se fueron “y del futuro camino que recorreremos, pero con la seguridad de las palabras que salieron de los labios de Jesús: “Yo los resucitaré en el último día”.

La misa concluyó con un hermoso atardecer de otoño y el Santo Padre rezó una oración por los difuntos y bendijo las tumbas del cementerio Flaminio.

El cementerio ubicado en la localidad de Prima Porta, cuenta con sectores dedicados a las diversas confesiones religiosas con sus respectivos templos. Es la primera vez que el Papa celebra aquí porque en los años pasados conmemoró el día de muertos en el cementerio monumental de Roma, llamado ‘El Verano’.

Al su regreso el Papa visitó en el Vaticano las llamadas ‘Grutas’, ubicadas debajo de la basílica de San Pedro. Allí rezará privadamente por los pontífices difuntos.



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