sábado, 29 de outubro de 2016

Francisco: ‘Los consagrados son faceta integrada en el cuerpo de la Iglesia

El Santo Padre ha pedido a los vicarios episcopales y delegados para la vida consagrada una atención especial a las “monjas contemplativas”


Convento donde profesó la beata Blandina Merten (Fto A. Savin Wikimedia Commons WikiPhotoSpace)
Convento donde profesó la beata Blandina Merten (Fto A. Savin Wikimedia Commons WikiPhotoSpace)
(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco, en el encuentro con los participantes del Congreso Internacional para vicarios episcopales y delegados para la vida consagrada, ha reflexionado sobre tres puntos concretos: la vida consagrada en la Iglesia particular, creación de nuevos Institutos de vida consagrada y relaciones mutuas. 

El Papa ha animado a los pastores y a los presentes a que “manifiesten una preocupación especial” en el promover en sus Iglesias “los diferentes carismas, tanto antiguos como nuevos”, a estar “cerca de los consagrados” con “ternura y amor” y a enseñar al “Pueblo de Dios el valor de la vida consagrada”. 

Asimismo, ha recordado que la “justa autonomía y la exención no se pueden confundir con el aislamiento y la independencia”. Hoy más que nunca –ha precisado– es necesario vivir la autonomía y la exención adecuada, en los Institutos que lo tengan, en estrecha relación con la inserción, de tal forma que la libertad carismática y la católica de la vida consagrada se expresan también en el contexto de la Iglesia particular. 

Además, recuerda que los pastores están llamados a respetar, sin manipular, “la pluridimensionalidad que constituye la Iglesia y a través de la cual la Iglesia se manifiesta”. Los consagrados, por su parte, deben recordar que no son “un patrimonio cerrado” sino “una faceta integrada en el cuerpo de la Iglesia, atraída hacia el centro, que es Cristo”. 

En segundo lugar ha reflexionado sobre la creación de nuevos Institutos. El Espíritu –ha observado el Papa– no cesa de soplar donde quiere y cuando quiere. Pero, ha recordado que siendo responsabilidad del obispo diocesano discernir y reconocer la autenticidad de los dones carismáticos y erigir en la diócesis institutos de vida consagrada, eso no pude hacerse “sin un sereno y adecuado discernimiento” que tenga en cuenta “la originalidad del carisma”, “su dimensión profética”, “su inserción en la vida de la Iglesia particular”, “la comunión afectiva y efectiva con esta y con la Iglesia universal”, “el compromiso para la evangelización, también en su dimensión social”. 

Además se debe verificar que el fundador o la fundadora muestren “madurez eclesial”, con “una vida que no contradiga la acción del Espíritu Santo suscitador de los carismas”, y que tales carismas puedan armonizarse adecuadamente “en la comunión eclesial”. En esta misma línea, el Pontífice ha recordado la obligación de consultar siempre previamente a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. 

El Santo Padre también ha advertido de que en el momento de erigir un nuevo instituto “no podemos pensar solo en la utilidad para la Iglesia particular”. Por eso ha pedido a los pastores que consideren que en ese momento “asumen una responsabilidad en nombre de la Iglesia universal” desde el momento en el que tal instituto será destinado a crecer y a salir de los confines de la diócesis que lo ha visto nacer. Del mismo modo ha recordado que es necesario considerar con prudencia el deber de “dar la adecuada formación a los candidatos”. 

Finalmente, el Santo Padre ha hecho referencia a las “relaciones mutuas” que los presentes desarrollan entre los pastores y los consagrados. Tema que será abordado durante el congreso. 

El Papa ha precisado que “no existen relaciones mutuas allí donde algunos mandan y otros se someten, por miedo o conveniencia”. Hay, sin embargo — ha reconocido Francisco– relaciones mutuas donde se cultiva el diálogo, la escucha respetuosa, la hospitalidad recíproca, el encuentro y el conocimiento, la búsqueda compartida de la verdad, el deseo de fraterna colaboración por el bien de la Iglesia, que es “casa de comunión”. Y todo esto “es responsabilidad tanto de los pastores como de los consagrados”, ha explicado el Santo Padre. 

Para concluir el discurso, el Santo Padre ha pedido a los presentes una atención especial a las “monjas contemplativas”. La Iglesia necesita “estos faros que indican la ruta para llegar al puerto”, “estas antorchas que acompañan el camino de los hombres y de las mujeres en la noche oscura del tiempo”, “estos centinelas de la mañana que anuncian el surgir del sol”. 

De este modo, el Pontífice les ha pedido que las acompañen “con afecto fraterno” tratándolas siempre “como mujeres adultas”, respetando “sus propias competencias, sin interferencias indebidas”. Además, ha advertido de que centrar toda la atención en un solo elemento, por importante que sea como es el caso de la clausura o la autonomía, “podría conducir a un desequilibrio vital que tendría tristes consecuencias para la vida de estas hermanas”. 

Y así, el Santo Padre ha exhortado a que amen la “vida consagrada” y que la den a conocer “en profundidad”. También les han pedido que construyan las relaciones mutuas a partir de la eclesiología de comunión, desde el principio de la coexistencialidad, de la adecuada autonomía que se refiere a los consagrados. 


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